23.10.2015

Scalae Jorge Lestard

Si se consulta el apartado de noticias del espacio en internet de la firma Baudizzone Lestard Asociados lo que aparece como información relevante es la frase: “Estamos trabajando”. Ese será exactamente, el sentimiento preciso de quien pudiera conversar con el arquitecto Jorge Lestard: estar trabajando.

De algún modo el arquitecto porteño atesora un don imposible de ocultar: su evidente perspicacia, que tiñe de inteligencia, desde el principio la charla, sus frases –que domina como domina un domador-. Palabra a palabra, educadamente, también se enseñorea su perspicacia de las preguntas… hasta hacerlas innecesarias. Lestard sabe dónde quiere llegar, qué ofrecer, cuál será la próxima pregunta. Lestard entiende las necesidades de la persona que atiende. No es necesario, entonces preguntar porque ya estamos trabajando, con eficacia, con aplomo, con felina convicción. Para lo suyo hay solución, con arquitectura viene a sugerir, afirma Lestard.

…un grupo de árboles

En el medio en que yo me movía, padre médico, familia de clase media, existían tres carreras posibles: derecho, ingeniería o medicina. Las demás carreras eran exóticas. El escenario me desconcertaba un poco. Iba a ser ingeniero, pero sin mucha convicción, porque me resultaban fáciles las matemáticas y me gustaban la historia y el dibujo. Entonces, me sugirieron seguir arquitectura, lo cual era extraño teniendo en cuenta que se parecía a la ingeniería pero tenía que ver además con las humanidades. Con toda esa combinación (historia, matemáticas, dibujo) podía probar… Y la verdad es que al principio no me convenció nada…

Era un buen momento en la facultad, porque porque se empezaba a enseñar la arquitectura moderna. Estoy hablando de 1960, hice la carrera entre el 60 y el 66, un período maravilloso, de oro. Pero por otro lado se estaba empezando a aprender cómo enseñar la arquitectura, con lo cual mi primer en Introducción, fue dibujar un árbol, en corte, en vista, etc. Me sentí un poco desconcertado, era mucho trabajo. En mi casa y en mi barrio me miraban como un personaje raro que llegaba a quedarse sin dormir dibujando árboles… yo también me sentía un poco extraño. Finalmente entregué, me saqué un 4 sobre 10 (raspando) y cuando anuncian el segundo trabajo, se trata de árboles… Además se sumaba otra cosa: el mundo de los arquitectos, representado en ese momento por los docentes que a mí me enseñaban, era un mundo separado de la realidad profesional. Las obras las hacían básicamente los ingenieros. El cuerpo docente parecía un monasterio. Porque no era gente que trabajaba afuera, era gente que enseñaba algo tan profundo, tan propio, que nadie se entendía con ellos. Eso era algo que tampoco me resultaba muy confortable, siempre había tenido una visión más global de la sociedad, de la interacción… Entonces, juntado que no entendía bien este medio en el que me estaba metiendo, con que no entendía tampoco muy bien esto de dibujar árboles, pensé en cambiarme a ciencias económicas. Pero a mí me interesaba la economía política, no el trabajo de balances, de contador… finalmente mi razonamiento fue: “termino el año, veo qué pasa, si apruebo sigo y si me va mal en una materia me voy”. La realidad es que cuadno empieza el segundo cuatrimestre me dan a dibujar un grupo de árboles… (!)

Borthagaray… un gran profesor de muchos

En tercer año empezaron los talleres verticales. Nos recomendaron anotarnos con Borthagaray. Creo que él fue un gran profesor de muchos, que revolucionó la facultad de arquitectura y que terminó de instalarme el deseo y esta pasión por el quehacer. En su taller me encontré con un grupo de apasionados. A muchos de ellos les fue muy bien con la carrera, algunos fueron mis socios, de ahí nació mi estudio…

Entonces comenzó una nueva etapa, empecé a buscar lo difícil y no lo fácil de la facultad, me convertí en obsesivo de esta tarea que me encanta y, para mi sorpresa, me empezó a ir muy bien. En esa etapa me había convertido en un entusiasta de Frank Lloyd Wrigth, para mí era lo máximo, había estudiado absolutamente toda su obra.

En una cátedra de representación de tercer año nos encargaron hacer un proyecto de una exposición y el tema que elegí para mi proyecto fue la obra de Wrigth. Hice un pabellón donde estaban muchas de sus obras, las más significativas. También me interesaba mucho su manera de acercarse al espacio, y la relación de sus proyectos con la naturaleza…

Y bueno, en la cátedra de Borthagaray, influenciado por Wright, el primer trabajo que hice fue una escuela con hexágonos. Porque se me ocurrió que el aula fuera un hexágono, relacionado con la revolución de la enseñanza, que instalaba la discusión en grupo en lugar de tener una disposición de asiento más autoritaria. (ahora las aulas son cuadradas porque es la forma más fácil de construirlas). De ahí que mi primer trabajo que fue hacer una escuela hexagonal me costó mucho esfuerzo… sobre todo dibujarla, porque con mi obsesividad, hasta las baldosas del patio eran hexágonos, con lo cual no llegué a la entrega, dibujando todo con la rapidograf…

Para mi sorpresa cuando finalmente dieron las notas yo era el único 10. Primero me sentí muy halagado, pero después me pegué un susto bárbaro, porque yo decía “¿Yo, por qué?”, después tenía que mantener ese prestigio ganado. En general, toda la gente que me rodeaba era gente más culta, más rica, yo seguía siendo ese chico de barrio que se estaba entusiasmando… y de repente tenía que ser ese personaje que no me sentía, y que en realidad nunca me sentí. En consecuencia sufrí muchísimo el segundo cuatrimestre.

…la época de las ideologías

La carrera era muy holística, la facultad de arquitectura estaba muy relacionada con otras cosas, con sociología, con psicología, había una vida universitaria… Era la época de las ideologías, con lo cual tu pensamiento sobre el mundo se relacionaba finalmente con tu pensamiento sobre la arquitectura. En cuanto a lo lingüístico, yo seguía siendo muy wrighteano todo ese tercer año. En cuarto me empezó a interesar también Alvar Aalto… Pero en una materia que no era arquitectura, que en esa época se llamaba urbanismo, me tocó un docente muy de izquierda, del PC, y se armaban muchas discusiones sobre la relación entre la arquitectura y el urbanismo. Ahí me convencí que para nuestra realidad la visión de la ciudad del movimiento moderno europeo era más adecuada y contemporánea que la visión de Wright que era la del desarrollo de la ciudad abierta norteamericana y que yo, en términos culturales e ideológicos, estaba convencido de lo otro. Pasé a interesarme por Le Corbusier, por el movimiento moderno, por una visión de la arquitectura mucho más basada en la construcción, en lo industrial, en lo sistemático. Rápidamente pasamos a adherirnos a las posturas del Team 10, de los Smithson, Kandilis, las discusiones de las continuidades, los sistemas… en ese momento me empezó a interesar muchísimo el proyecto de la Universidad de Berlín, una grilla que parecía una ciudad con las cosas metidas adentro, los proyectos de los japoneses metabolistas…

Entonces, Arquitectura 5 ya la terminamos muy en ese mambo, además nuestro grupo ya se empezaba a convertir en un grupo de trabajo, formamos un equipo con el que empezamos a hacer concursos con los docentes, primero éramos ocho alumnos y dos docentes, luego quedamos cuatro en total, con los docentes. Hicimos muchos concursos en ese año, en ninguno ganamos pero en casi todos sacábamos premios, éramos unos pibes y estábamos compitiendo contra nuestros maestros, Testa, Solsona…

Ese año debemos haber hecho como siete u ocho concursos. Y en el diseño y en la arquitectura nos empezó a influir mucho Stirling, el Stirling que tiene algo de los sistemas y esas búsquedas espaciales complejas… ahora me doy cuenta de que alguna manera también tenía que ver un poquito con Wright.

 

…el concurso más importante de esa época: el auditorio

Nos corre fuerte toda una cosa sistemática de la arquitectura, y buscar sistemas de organización de los proyectos, que arman espacios, que se basan en ciertos sistemas de organización. Las plantas y la lectura de los sistemas en ellas siempre fueron muy importantes para nosotros. En esas plantas que son como sistemas o esquemas, de repente, el lugar significativo quizás es una ruptura del sistema, es un espacio distinto… todo eso en nuestra primera época de trabajo es fuerte. En ese sentido, el Auditorio de la Ciudad de Buenos Aires es un ejemplo, te diría que es la culminación de esa etapa, yo tenía 30 años, y estaba terminando esa etapa de mi formación.

El sistema es importante pero la lectura del espacio es un tema para mí siempre sustancial, algo que está latente. El proyecto del auditorio es muy importante para nosotros, además de que ganamos el concurso, que en ese momento en Argentina fue como el premio Nobel porque era el concurso más importante de esa época y se presentaron todos, y cuando lo ganamos nosotros fue como una sorpresa universal. El proyecto es un sistema, con unas cosas que salen del sistema que son los auditorios que se destacan en planta y corte. En él influyen tres aspectos: el sistema como búsqueda conceptual nuestra de ese momento; desde afuera Sharoun en el interior de las salas; y un proyecto de Pietila en la concepción de enterrar. Todo ello se integra en un objetivo con cierto carácter lúdico que se relaciona con el paisaje y contrasta con la severidad de la cuadrícula amanzanada del entorno. Subyacente y sustentando el proyecto había una concepción funcional y constructiva muy eficiente. Esta búsqueda de organización sistemática ya había estado presente en un concurso anterior que habíamos ganado; el Centro Cultural de Mendoza que tiene jun esquema parecido al Forum de Tokyo de Viñoly, claro que en el Forum, Rafael le da otra vuelta de tuerca y convierte un buen esquema en un gran proyecto.

Un proyecto de base muy racional en su estructuración espacial, funcional y constructiva, que busca las leyes de organización… Creo que Rafael tiene esa escuela, una escuela que es muy fuerte en esa época, donde hay una cosa cartesiana racional que tiene mucho que ver con nuestra Pampa, nuestras manzanas… Si ves la obra y los proyectos de los 60 y 70, yo creo que hay una escuela argentina importante que todavía no se ha analizado mucho. Se ha visto desde folklore del lenguaje más que de la organización del espacio o los sistemas.

Hasta ahora ha sido más una discusión desde el cómo se ve la arquitectura que desde cómo se hace. Y creo que hay una escuela del cómo muy importante que nace en esa época.

 

…el posmodernismo, un momento crítico

Empezamos siendo un grupo muy numeroso. Además de Miguel Baudizzone que hoy es mi socio, estaban Jorge Silvetti, Antonio Machado, Tony Díaz, Jorge Erbin, Antonio Varas, Jorge Korn. Tenían todos mucha opinión… lo cual implicaba hacer una arquitectura con mucha discusión, y pensar el por qué hacíamos lo que hacíamos. Había mucha relación entre los propósitos y los resultados.

En los comienzos nosotros teníamos un pensamiento muy fuerte que es lo que había que hacer era todo nuevo, que la ciudad real no existía. Lo que hacíamos no tenía nada que ver con la ciudad, podía estar acá o en la luna. Era una arquitectura que se fabricaba a sí misma. El ejemplo más importante de esa actitud fue el proyecto de Ciencias Exactas. Luego comienza un cambio de integración a la ciudad que culmina con el auditorio. En él una de las cosas que nos guiaba era el hecho de que estaba metido en un vacío urbano de 9 hectáreas. Entonces ese objeto que se incorpora, en vez de ligar sus formas con el entorno, en vez de ser muy lúdico, como forma de mezclarse con el parque, y hacer que siga manteniéndose ese vacío. Por eso además lo volcamos sobre un costado, no está en el medio…

Después viene la época del posmodernismo, la arquitectura vista más desde el resultado. Todo lo contrario de lo anterior. Para nosotros fue un momento crítico, hubo muchas discusiones e incluso una secesión, ahí se fue Tony. Creo que esa época nos sirvió para hacer una crítica y una autocrítica de lo que pensábamos. Me acuerdo de una frase de Venturi que decía que los arquitectos modernos, como no quieren usar el lenguaje, hacen unos despelotes con la organización para producir una expresión de la organización que sea lenguaje. En cambio podrían hacer una cosa más simple, le ponen un poco de lenguaje, y es una cosa mucho más lógica y económica. Esas cosas sí nos impactaron muy fuerte, nos mezclamos un poco con todo ese tema, algunos más que otros, creo que fue muy importante que ese momento ocurriera desde el punto de vista de la discusión. A partir de ahí, empezamos muy fuerte con la ciudad real, con el entorno. Además, no es casual, coincide con la crisis del petróleo.

A fines del proceso militar nosotros ya estamos trabajando mucho en la forma de la ciudad… Cuando llega la democracia con Alfonsín se conforma la Fundación Plural, que la organiza un amigo mío, Dardo Cúneo, ahora en Madrid, y nosotros empezamos a trabajar ahí sobre todo el tema de la ciudad. Publicamos un libro que se llama Estrategias Urbanas (Cúneo, Schalen, Baudeizzone, Erbin, Lestard, Varas), que es muy paralelo al trabajo que se estaba haciendo en España sobre las ciudades, te  estoy hablando de los años 83 y 84.

 

… una vocación muy fuerte de servicio social

La economía es un tema, quizás desde ahí empieza a ser más importante nuestra visión, para los arquitectos de acá empieza a ser un tema importante. Además, en el fondo teníamos una vocación muy fuerte de servicio social, los arquitectos tenemos algunas responsabilidades ante la sociedad.

La arquitectura siempre debemos leerla como transformación de un sitio y la mayoría de las veces hace ciudad. Uno cuando hace un edificio contribuye o no a la calidad de la ciudad y ese es un aspecto importante de análisis de la calidad de los edificios. Con Baudizzone coincidimos en esa lectura fundamental de la génesis de nuestros proyectos actuales. Como profesional vos sos administrador de recursos, entonces más allá de que quizás tenes o no un cliente rico que los pueda despilfarrar, en sociedades como la nuestra que son escasas en recursos hay que tener cierta razonabilidad en la utilización de los mismos.

Hemos tenido la posibilidad de construir mucho con jóvenes, gracias a las condiciones que se daban en Argentina. Inevitablemente cuando vas a la facultad, relacionas mucho tu quehacer con tu pensar, se alimentan el uno al otro permanentemente. En la facultad, cuando opino sobre arquitectura, soy un profesor muy ligado al hacer y a las condiciones del hacer, y a su vez, estoy convencido de que como profesional el estar como profesor en la facultad, es una ventaja extraordinaria, te retroalimenta permanentemente.

El estudio me encanta. Con Baudizzone, tenemos un grupo de brillantes colaboradores y tanto ahí como en algunos trabajos con socios ocasionales, siempre se crea un clima de exploración y descubrimiento donde la identidad de los proyectos surge desde las condiciones del problema a resolver. Los diseños son muy diversos, tanto como los lugares y los programas. En cuanto a los proyectos de viviendas acá es distinto a España, donde creo que hay como dos mundos: el mundo de los arquitectos profesionales de la vivienda y el mundo de los nombres, los arquitectos conocidos, que en general hacen otro tipo de edificios. En Argentina mucha de la actividad que tenemos está relacionada con la vivienda, en diferentes escalas y maneras de agrupación y sí, nos divertimos investigando, todavía con posibilidades de creación de sistemas que muchas veces nos han dado resultados muy satisfactorios. En algunos casos, además organizamos los emprendimientos, en ellos tenemos mucha más capacidad de discusión de diseño y nos ha ido bien en todo sentido. Desgraciadamente en los últimos años ha habido en nuestro país muy poca obra pública, y ello restringe mucho las posibilidades de creación de arquitectura.

En el concurso de Ciudad Aerolíneas, creo que supimos sintetizar la visión del edificio en una imagen  muy fuerte que aludía a la imagen de la empresa y se imponía en un paisaje vacío. Detrás de esa imagen aparecen toda una serie de aspectos relacionados con la organización, el funcionamiento, y la flexibilidad de un edificio de oficinas, la sistematización constructiva y la fluidez circulatoria que dan sustentabilidad y son muy valiosas para el proyecto.

Además del tema del estudio de las ideas, desde hace varios años estamos también muy interesados en cómo es el objeto como apariencia, en su relación con su contexto, y en hacer o simbolizar… en lo personal, estaba muy interesado en el tema de los envases, de cómo los edificios se sintetizan y se transforman más en objeto único, y también en el carácter y el sentido de cada uno de los edificios.

Y si, volvemos al principio de la conversación, ahora estamos haciendo unos proyectos que son más arbóreos (como los dibujos que ya había en mis comienzos) o están más relacionados con la naturaleza.

El proyecto Hotel Casino Rosario, también de imagen contundente, se diferencia de la cuadrícula amenazada y se integra con la naturaleza jugando con lo lúdico. En vez de desprenderse las distintas cosas y mostrar su individualidad, todo de alguna forma se incorpora en un solo elemento, se matiza, la totalidad prevalece sobre las partes, pero hay algo en ese juego de situaciones y espacios. Como los árboles, como un bosque.

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