13.2.2025
Suelos profundos
El diseño de una superficie a partir de la repetición de uno o varios elementos, establece un juego tan adictivo como estimulante.

“Una piccola casa ideale”, 1939 © Gio Ponti Archives
El material de la pieza, su geometría, textura, color, brillo o posición, convocan a la sensibilidad y el esfuerzo por la determinación del módulo, si bien será su sencilla repetición organizada la que consiga finalmente la diversidad prometida. Más allá del juego y sus reglas compositivas, interesa aquí la capacidad de estos patrones como instrumento de activación de formas ilusorias: la transformación de un pavimento en una superficie liviana, sutil, aérea como la suma de hilos coordinados en la sábana tendida.1
Arquitectos como Gio Ponti han explorado las posibilidades de la humilde baldosa cerámica para dotar, a todos y cada uno de sus espacios, de una cierta cualidad escenográfica, una teatralidad que honra un sentido del habitar muy anterior a la halterofilia del diseño o la decoración pretenciosa:
“Proyecté un hotel en Sorrento y, aunque no había necesidad, yo quería que cada una de las cien habitaciones tuviera un suelo diferente. Para ello, me serví de mi vieja pasión por las baldosas cerámicas, siempre que las solicitan, diseño muchas más de las que me piden. Así que a partir de treinta diseños diferentes, cada uno de los cuales permitía dos, tres o cuatro combinaciones, surgieron los cien. […] Siempre pienso en las posibilidades infinitas de este arte: dadle a alguien un cuadrado de 20×20 y, aunque se hayan creado infinitos diseños desde hace siglos, siempre aparece la habitación para el nuevo diseño, tu propio diseño. Nunca habrá un diseño final…”.2
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