19.9.2002

Los arquitectos van al cielo

Resulta que una vez, murió un arquitecto y se fue a reportar a las puertas del Cielo. San Pedro revisó minuciosamente su archivo y le dijo:
-Tchist tchist!… Por lo que parece, lamentablemente, tu no estás en mi lista, baja la escalerita aquella y vas a encontrar una puerta, prueba allí. Le indicó señalando una lúgubre escalera al costado apenas iluminada.
De modo que el arquitecto bajó resignadamente a la puerta del infierno donde le dieron alojamiento de inmediato.
Al poco tiempo el arquitecto se cansó de padecer las miserias típicas del Infierno, por lo que se puso a diseñar y construir algunas mejoras.
Al cabo de unos meses tenían ya aire acondicionado, al tiempo, inodoros con drenaje, y un tiempo después, escaleras mecánicas, equipos electrónicos, torres vidriadas, pisos flotantes, amarraderos de lava, solariums, etc.
El arquitecto se hizo una muy buena reputación.
Así las cosas, un día Dios (quien todo lo sabe) ante la falta de noticias del Infierno, sospechando algo, decidió llamar al Diablo por teléfono y, como al pasar, luego de hablar las tribialidades que sabía le gustarían a Satán le preguntó:
– ¿… Y dime, qué tal van las cosas por el allá?
El Diablo, que como todos sabemos es sumamente vanidoso, feliz de dar noticias que sabía sorprenderían a Dios le contestó:
-¿Por acá??… Una maravilla… Estamos a todo trapo. Tenemos aire acondicionado, inodoros con drenaje, equipos electrónicos y mi nueva dirección de e-mail es: satan@infierno.com, y todo esto se lo debo a un arquitecto muy diligente que me ha caído por acá últimamente… .
– ¿QUÉ??? ¿Que tienes un arquitecto has dicho?… Pero… Eso es un error, nunca debió haber llegado allí un arquitecto. Como puede ser, seguramente omitió darse a conocer… ¡Me lo mandas inmediatamente para acá!
-¿Estás loco?… ¿Justo ahora?, ¿con lo bien que anda todo?… de ninguna manera, ni lo sueñes, me encanta tener un arquitecto en la organización y me voy a quedar con él… eternamente.
-¡MÁNDALO PARA ACÁ EN ESTE MISMO INSTANTE O TE DEMANDO!! -le gritó Dios enceguecido de la ira.
El diablo, dejando escapar una sonora carcajada, que estremecería al mas valiente de los mortales le contestó irónicamente:
– Sí…, cómo no, demándame si quieres, total yo…, a esas cosas estoy tremendamente acostumbrado, aunque,… solo por curiosidad, ¿podrías decirme de dónde piensas sacar Tu un abogado?

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