26.2.2025
Entre lo genérico y lo específico
La estructura teórica de Peter Eisenman, ya desde los lejanos años 70, ha propuesto como principio una subdivisión de vital importancia entre la forma genérica y la forma específica.

La famosa rampa para pingüinos de Berthold Lubetkin para el Zoo de Londres
Esta bifurcación entre lo genérico y lo específico, a modo de accidente catastrófico, en la línea de la reflexión propuesta por Rene Thom en su Teoría de las Catástrofes de 1968, entiende el término forma genérica como una forma pensada en el sentido platónico, como una entidad definible con sus propias leyes inherentes. Un forma que se autolimita, que surge del interior de la propia disciplina arquitectónica y que por tanto se construye desde sí misma. En el extremo la idea de forma genérica, que hoy tendría ecos Koolhaasianos, es independiente, insolente e intransigente con la realidad que la rodea. La forma genérica ni asume ni legitima su entorno.
Por otro lado, Eisenman propone el sentido de forma específica como la actual configuración física realizada en respuesta a una intención específica y a una función específica. Es decir, la forma esta linkada directamente con un aquí y un ahora, sea este aquí y este ahora lo amplios que se quiera. Es decir, la forma específica puede estar relacionada con una minúscula porción de espacio o con un ámbito territorial, pero siempre puede situarse en un mapa de forma concreta. Igualmente, la forma especifica queda íntimamente embebida en un tiempo de referencia que puede mapearse en un calendario, sea este una día, una hora o un decenio. Los específico como tiempo y lugar.
La forma genérica, debido a su trascendencia o a su naturaleza universal, debe apropiarse el papel de precedente sobre los otros cuatro elementos clásicos de la arquitectura, la intención, la función, la estructura y la técnica. Pero incluso cuando la forma está considerada en su sentido específico, o será vista como aquello a lo que se refiere, o es una derivada de lo genérico, siendo esta asociación o referencia, esencial en la comprensión del término.
A la forma genérica, en el contexto arquitectónico, se le pueden atribuir dos categorías: la lineal y la central. El cubo y la esfera son centrales. Un doble cubo y un cilindro son lineales. Cada uno de estos sólidos básicos tienen por su propia naturaleza ciertas dinámicas inherentes, y esto debería entenderse y respetarse si se intenta interpretar o hacer un uso gramatical de un sólido dado cualquiera.
Por ejemplo el cubo como forma central envuelve de igual manera tanto en dirección vertical como en dirección horizontal a partir de un centro definido. Esta es una cualidad principal para el entendimiento del cubo como forma genérica. De menor importancia es la equivalencia entre los ejes verticales horizontales, la igualdad de todas las superficies, los ejes diagonales y la localización de todas las esquinas. Lo esencial que hay que entender es que estas propiedades del cubo, como en cualquier forma genérica, se sitúan por encima de cualquier preferencia estética. Simplemente son características inherentes a cada forma que solamente pueden considerarse desde un punto de vista objetivo. Establecen la naturaleza absoluta de cualquier forma genérica y por definición establecen su trascendencia sobre cualquier forma específica.
Leé la nota completa en > VEREDES