7.1.2019

Autoorganización y Cibernética

Últimamente la noción de autoorganización ha tomado un cierto protagonismo en la concepción de la ciudad y la arquitectura, quizás a rebufo de la situación político/social actual.


Cybernetic Serendipity, inaugurada en el ICA de Londres en 1968 y comisariada por Jasia Reichardt

En cierto sentido puede sonar a quimera el hecho de que tanto, objetos como personas, tengan una tendencia hacia una organización no programada de antemano. Es más, sospecho que es una idea que pone especialmente nerviosos a aquellos que tienen como misión el control y el castigo, uno de los pilares de nuestra sociedad.

Lejos de banalizar el término, y asumiendo que la tecnología nos acerca cada vez más a modelos organizados de forma mucho más compleja, tanto la idea de autoorganización como la de cibernética, término madre de la idea de interacción,  deberían formar parte de nuestro vocabulario. El papel del arquitecto, tan cuestionado hoy, tendría que leerse como un estratega de dispositivos, tanto conceptuales como objetuales, que tuvieran siempre un final abierto, de forma que permitiera a la sociedad dar su última palabra en positivo a partir de un modelo interactivo. Algo así como dar una oportunidad a que nuestros diseños se impliquen de forma plena en el quehacer diario de la gente, y que a su vez, desde ese uso, poder mejorarlos.

La idea es que si pudiéramos incorporar más estrategia y menos sobre diseño, quizás conseguiríamos una cierta dosis de interactividad en nuestras ciudades a partir de sistemas abiertos y autoorganizados. Es por eso que me parece importante ir a las fuentes del concepto de autoorganización y de cibernética, que como veremos están íntimamente relacionados.

Mientras la noción de espontaneidad es muy antigua, esta solamente cristalizó en el término autoorganización en los años posteriores a la segunda guerra mundial en los círculos conectados al movimiento cibernético que aglutinaba un variopinto grupo de investigadores como el matemático Norbert Wiener, autor del libro Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine,1 el también matemático de origen húngaro John von Neumann, que entre otras investigaciones propuso la arquitectura de las computadoras tal y como se conoce ahora, el ingeniero y matemático Claude Shannon, que definió los conceptos matemáticos de la teoría de la comunicación, el autodidacta Stafford Beer, creador del Viable System Model, el físico Heinz von Foerster, autor de la teoría del constructivismo radical y de la cibernética de segundo orden, el antropólogo y lingüista Gregory Bateson, que en 1972 recopiló sus estudios en el influyente libro Steps to an Ecology of Mind: Collected Essays in Anthropology, Psychiatry, Evolution, and Epistemology2 y el reseñado en esta investigación Gordon Pask.

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