Desde el principio este espacio nos dio la idea de un lugar para quedarse, una pequeña plaza para compartir una charla, un breve descanso. Casi como un espacio de uso público en Palermo en el año 2009.



Provocados por la explanada gris y los cipreses existentes, sumado al paredón de medianera, vino a nuestra mente la necesidad de convocar un espíritu de arte local en nuestra ayuda, para generar un lugar inspirador que nos de ganas de quedarnos y nos colme el alma. Necesitábamos una excusa y encontramos un tesoro: Alejandro Xul Solar.
El nuevo lugar comenzó a engendrarse a partir de un mural que reproduce la obra “Barrio” del mencionado artista. A partir de allí se trabajaron los colores y la espacialidad de la plaza, generándose un recorrido atractivo, que como un laberinto nos lleva a varias alternativas de salidas y entradas, o bien un asiento para detenerse a contemplar.
Al entrar en el recorrido se atraviesan unas torres que simbolizan lo netamente urbano y generan una trama de sombras (piedras negras) que se entrelaza con el verde que en forma perpendicular la intercepta. Ese verde simboliza el origen, lo natural que surge, a su vez, de los árboles preexistentes en el lugar y nos llevan visualmente a la integración naturaleza-cultura.
El barrio: Palermo, con sus bosques y sus lagos, con su centralidad y su periferia, con su fisonomía global y su flora local (implantada).
Se parte de la obra pictórica y se propone además un punto focal dinámico (agua en movimiento) para aumentar el interés en el recorrido y acentuar la centralidad que reúne al visitante. Es como el corazón que late y da vida al lugar.
Los años pasan, y cada vez más necesitamos pensar globalmente y actuar localmente. Nutrirnos globalmente y potenciar el desarrollo y la conservación de lo local. Por eso Xul Solar, Marechal y Borges; por eso las Tipas, y las plantas elegidas. De ahí la idea de poner en valor el espíritu de un visionario, que hace una centuria, contaba en imágenes y en objetos la necesidad de comunicación e integración latinoamericana y por extensión con sus “pan” (panlengua, panajedrez, etc.) a todo el mundo.
Es decir, un precursor de la globalización bien entendida, de compartir saberes y aceptar diferencias.
A modo de reflexión, en este espacio se buscó la revalorización del espacio público como lugar de encuentro, en donde además de estar se puede “ser”, compartiendo un acervo cultural común e irrepetible y una flora (y por que no fauna) que nos identifica.
Lic. Diana Estévez, botánica paisajista
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Publicado por: Alberto GorbattIngrese un comentario para este artículo
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