5.7.2018

Teatro Telcel

El Teatro Telcel, enterrado bajo tierra, evidencia su presencia a través de una gran estructura metálica elevada sobre el nivel del suelo, llamada Dovela, que actúa como señuelo.

Entendemos la cultura contemporánea como expresión constante  de la conectividad con los movimientos del tiempo, y las capas de historia que se superponen e hibridan la cultura mexicana son de gran inspiración para hacer una obra de arquitectura hoy. Por ello,  La Dovela aparece como una piedra de aire, soportada por el espacio que emana de una secuencia de terrazas excavadas; que se ofrece al sol, que mueve el tiempo al atravesar sus lamas; y que protege de la lluvia y nos cobija dentro de la tierra. La Dovela trata de recoger todas las resonancias del mundo que emerge sobre ella, para darlas orden.  Los espacios excavados se entregan a lo público, se abren al cielo, protegidos por la simbólica estructura metálica. El proyecto confronta las naturalezas elementales con las que se construye: la densidad profunda del espacio negativo, de componente vertical; y la tensión horizontal del aire contenido y soportado por La Dovela, pieza última clave de un equilibrio abstracto que pierde su peso para mostrarse ligera, aérea, mutable y leve como una nube que cualifica el espacio de la tierra al filtrar los rayos solares.

El contacto entre el sol y la tierra no podría recoger pautas del orden de ninguno de ellos. Así en el diseño de la estructura que generara la conexión gravitatoria entre La Dovela y las excavaciones en la tierra, dispusimos un diseño de gran figuración, como si de cariátides y atlantes se tratara, siendo evocación de la diversidad, reflejo del mundo del hombre que habitará el espacio. Por lo tanto, los pilares participan en el movimiento, en el tiempo, y se disponen con libertad en el baile espacial, confiando en la rigidez de la estructura su disposición no simétrica en la trama interna de la dovela.

Adentrarnos en el espacio negativo de los vestíbulos excavados a cielo abierto, nos permite acceder a un nuevo, y último acontecimiento. Ya dentro de la tierra, el Teatro aparece como fin de esta secuencia de espacios. Aquí la síntesis del edificio culmina con la función de un tiempo detenido, recreado,  un lugar para contemplar.

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