31.1.2017

Sierra Ballena I

Los proyectos que estamos desarrollando en el lomo de la ballena, última estribación del macizo brasilero antes de sumergirse en el mar, representan uno de los desafíos mencionados, respecto a los capitales excedentes y su impacto sobre el territorio.

Nuestra región transita una de esas épocas de bonanza cíclicas y allí es donde la arquitectura debe asumir, del mejor modo posible, estas operaciones de generación de renta que urbanizan el territorio. La ballena es un sitio de extrema belleza, en la dimensión oceánica de la bahía de Maldonado y su condición de barranca está profundamente instalada en la memoria colectiva.

Construir un edificio allí, significó un desafío, en términos de elegir las estrategias proyectuales que de algún modo lo asumieran, de alterar esa condición, produciendo una operación que honrara tal preexistencia.

El proyecto atravesó ambas nociones que esta presentación pone de manifiesto; en primer lugar, el código que regulaba la construcción en la barranca, es el mismo que regula la construcción del frente marino, lo que entendimos equivocado: las estrategias para no crear un frente marino continuo entre el tejido y el mar no era recomendables aquí, dado a que el tejido, a diferencia que en el caso anterior, queda entre la calle pública y el mar y usar las mismas estrategias, podrían llevar a obstaculizar la maravillosa vista, patrimonio de lo público.

Ir detrás de esa legitimidad del sitio, nos hizo cuestionar la legalidad del código, poniendo en riesgo a los inversores al solicitar cambio de norma, no para maximizar indicadores, sino para ir detrás de las mejores condiciones para la antropización del sitio que entendíamos menos perjudicial.

Una vez obtenida esta nueva condición, las decisiones del proyecto edilicio, debían poner de manifiesto la dimensión y la condición del sitio, en esta idea de la naturaleza, la geografía, o el lugar, en su más profundo sentido, como primera arquitectura.

El sistema de las viviendas fue pensado como la generación de espacios en la lógica de la barranca, entre un suelo estereotómico de roca y un techo tectónico que recupera la condición vegetal preexistente.

Cualquier decisión de escala sobre el proyecto debía priorizar los elementos sugeridos por el paisaje ante la posibilidad de poner en evidencia referentes de la escala humana: las proporciones de los elementos vienen de esa dimensión y una puerta o una ventana, son alteraciones de ritmo del material en esa escala más allá de dejar pasar personas o luz.

La materialidad del edificio busca reutilizar el material removido en la obra, resignificando la piedra soporte de la barranca y recreando en techos y límites la vegetación que naturalmente retoma el predio, acostumbrada a vivir con escasez de agua y fuertes vientos.

Vientos que en su habitualidad, son tomados por el proyecto en su corte y en sus patios, que permiten generar dobles ventilaciones y resguardo.

Contrariamente a lo que indican las reglas del mercado inmobiliario, nos parece valioso haber logrado un edificio que no es fácilmente reconocible, que aun asumiendo todas las necesidades de este tipo de emprendimiento, en su vocación de barranca,  se integra como una reinterpretación de la preexistencia.

El proyecto de arquitectura busca retomar la condición proyectual clásica que en este lugar instalaran referentes como Bonet y Amato, asumiendo complementariamente la nueva dimensión que la época propone, integrando razón y naturaleza, buscando, como siempre, que la arquitectura asuma los desafíos de su época y su lugar.

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