29.5.2018

Slow food freespace, proyecto piloto en China

Para la XVI Bienal de Venecia, Stefano Boeri Architetti presenta Slow Food Freespace: el proyecto piloto de la primera Slow Village que se construirá en China en colaboración con Slow Food Movement.

Partiendo de la amplia visión de Slow Food China – apoyando una agricultura y economía que valoran la cultura y los productos locales – Stefano Boeri Architetti diseñó una escuela, una biblioteca y un pequeño museo para cada aldea (o grupo de aldeas cercanas) involucradas en el programa Slow Village. Tres epicentros culturales capaces de construir los centros de una infraestructura más amplia que puede permitir a millones de agricultores chinos invertir en el futuro de sus territorios rurales, en lugar de abandonarlos para mudarse a los suburbios metropolitanos. Ofreciendo las mejores condiciones culturales, económicas, arquitectónicas y ambientales a una polvorienta galaxia de comunidades locales, el programa Slow Food Freespace tiene como objetivo combatir con fuerza la emigración hacia las grandes ciudades chinas que ha crecido en los últimos años, y la consecuente homologación cultural específica características vinculadas a la riqueza del territorio.

“Fácilmente olvidamos que las áreas rurales brindan sostenibilidad a nuestra vida diaria. Es una necesidad inevitable de la arquitectura enfrentar la velocidad de la evolución y a su vez alimentándolo con la riqueza del pasado. Por esta razón, hemos propuesto mejorar las aldeas agrícolas con un sistema de pequeños pero valiosos catalizadores de la cultura local, capaces de mejorar la vida de los residentes”, según explicó Stefano Boeri en Shanghai durante una invitación de Anhua Chen, líder de proyecto de Slow Villages Cobuilding, para la colaboración en una visión compartida y concreta del diseño y el territorio.

Esta reunión ha producido un programa fuertemente vinculado con la política y situación la social, que interpreta la arquitectura como un dispositivo territorial poroso, capaz de absorber y reactivar el rico y variado patrimonio tangible e intangible de las civilizaciones rurales chinas. “Preservar el entorno rural significa proteger la diversidad cultural”, confirma Yibo Xu, socio de Shanghai de Stefano Boeri Architetti; “Se han hecho esfuerzos significativos en las últimas décadas en China con respecto a las cuestiones urbanas y, en el futuro, se debe prestar mayor atención a la versatilidad de las expresiones, las tradiciones y los patrimonios del campo”.

Situada en Qiyan, en la provincia suroccidental de Sichuan, la primera aldea china Slow Village surge de una visión abierta y colaborativa. Stefano Boeri Architetti China proporcionará gratuitamente sus ideas de diseño y sus conocimientos técnicos, necesarios para la construcción del primer sistema piloto en el pueblo: la biblioteca, la escuela y el museo. Al igual que un único acelerador orgánico, los tres catalizadores actuarán para alimentar no solo la cultura de la preparación, el consumo y el suministro de alimentos, sino también las antiguas y profundamente arraigadas tradiciones populares, así como las pequeñas y perspicaces historias individuales. Mejorando y amplificando la riqueza natural, el programa también propone condensar una oferta valiosa y atractiva, dirigida hacia un amplio universo de conocimiento y hacia el turismo chino e internacional.

Los horarios y las ubicaciones de la presentación de Slow Food Freespace, en Venecia el 25 de mayo de 2018, no son accidentales. Por un lado, el proyecto se muestra por primera vez al público en el contexto de “A través de las ciudades chinas – La comunidad”, iniciativa de programación que tiene como objetivo explorar formas de diseño vinculadas al desarrollo de nuevos sistemas de desarrollo social y económico.

Por otro lado, y en un sentido más amplio, el programa presentado por Stefano Boeri Architetti puede vincularse conceptualmente con el tema de la Bienal de Arquitectura de Venecia y ha sido nombrado “Freespace” por las curadoras Yvonne Farrell y Shelley McNamara. Con esa definición, los fundadores del estudio irlandés, Grafton Architects, intentaron identificar un espacio democrático, no programado y de libre uso, capaz de enfatizar los dones de la naturaleza: la luz del sol y la luna, el aire, la gravedad, los materiales, para ofrecer a todos una generosidad adicional e inesperada en todos los aspectos. Una arquitectura, en otros términos, con su propia vida, capaz de encarnar incluso los deseos más inexpresados ​​y construir puentes sensoriales, lingüísticos y emocionales, proporcionando bienestar y dignidad de cada ciudadano. Una gran revolución para nuestro “frágil planeta”, que también puede comenzar en un pequeño pueblo en el campo chino.

Visitá la nota original en inglés > http://arqa.com/en/architecture/slow-food-freespace.html

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