26.1.2018

Rehabilitación antiguo Colegio Ignacio Halcón

La rehabilitación no sólo se hace con ladrillos y cales. La rehabilitación usa los materiales físicos para reavivar conciencias, para hacer resurgir la carga simbólica que todo bien cultural lleva implícita.

Antes de acometer cualquier tarea o de adoptar cualquier solución formal, es necesario tener en cuenta dos principios para enfrentar la situación de crisis ecológica del planeta:

1- El territorio es un bien escaso.
2- Para evitar el uso indebido del suelo, es necesario prolongar el ciclo de vida de los edificios y los espacios públicos ya existentes.

Rehabilitar el patrimonio es rescatar del olvido la memoria colectiva de un pueblo. El Colegio Ignacio Halcón ha formado parte de la vida de muchas mujeres de Lebrija desde que en 1929 el Conde de Halcón, hijo del Marqués de San Gil, realizara la donación de su antigua casa palacio en la antes denominada calle de Las Monjas. Mujeres que aprendieron allí a escribir y a contar, que era como antes se llamaba a las matemáticas, y que hoy, ya en su madurez, han ido viendo desde las aceras y con nostalgia, su lenta decadencia tras años de abandono y obras interrumpidas. También los maestros y maestras lo han sufrido. Algunos, incluso, traspasaron los umbrales de la zona restringida a los obreros para, levantando el dedo índice mientras nos miraban, alertar sobre la importancia del edificio y la responsabilidad de todos en su puesta a punto definitiva. Ellos también culminaron una obra de la que se sentían orgullosos, la grandeza de haber participado en esa hazaña colectiva que era sacar de la pobreza y la incultura a las más jóvenes, a las más vulnerables del pueblo. Entonces nos trasladaron ese orgullo y nos ayudaron a mirar de otra manera.

La rehabilitación no sólo se hace con ladrillos y cales. La rehabilitación usa los materiales físicos para reavivar conciencias, para hacer resurgir la carga simbólica que todo bien cultural lleva implícita. La misión del arquitecto es conocer, entender, valorar, proteger, conservar, interpretar y potenciar un bien para, con ello, plantear propuestas tendentes a recuperar los edificios de manera que puedan integrarse de manera natural en la vida social cultural y económica de una colectividad. El acomodo entre dichas necesidades de futuro y la preservación del patrimonio heredado, debe hacerse desde la perspectiva de la cultura en su propio contexto temporal y de acuerdo a los ideales de futuro de esa sociedad. La interpretación revitalizadora de la arquitectura sobre algo heredado debe superar la pura descripción analítica desde el punto de vista ambiental, histórico, cultural, turístico o económico, para proponer acciones y líneas estratégicas innovadoras capaces de aunar la riqueza de la herencia con los más novedosos planes de futuro de una sociedad. El conocimiento de la historia y la cultura de un pueblo, los aciertos y desaciertos, equilibrios y desequilibrios que se han producido en los lugares, que el patrimonio cultural proporciona, lo valida y legitimiza para incorporarse y formar parte de la actividad económica de un lugar y caracterizar formas de desarrollo endógeno.

En este caso, el proyecto se basa conceptualmente en las siguientes premisas: entender como único el proceso de restauración, rehabilitación y reciclaje, fomentar el empleo de mano local, recurrir, en la medida de lo posible, a técnicas y materiales tradicionales fácilmente ejecutables y programar la obra consensuadamente con la propiedad, los agentes sociales y la empresa constructora. Se trata, pues, de asumir una conciencia ecológica, el rescate de la memoria colectiva y el desarrollo social con vistas a cubrir las carencias artísticas y culturales de una localidad muy castigada por la crisis.

Los bienes de interés cultural tienen una serie de valores que el proyecto de arquitectura debe conocer, interpretar, conservar y potenciar, para integrarlos de manera natural, en la vida social cultural y económica, de una colectividad. El acomodo entre dichas necesidades de futuro y la preservación del patrimonio heredado, debe hacerse desde la perspectiva de la cultura en su propio contexto temporal y de acuerdo a los ideales de futuro de esa sociedad.

En el Antiguo Colegio Ignacio Halcón de Lebrija convergen dos circunstancias que han sido el hilo conductor de la propuesta arquitectónica: la complejidad espacial y la sencillez constructiva del bien. La complegidad surge de su propia historia, de las anexiones y divisiones, de los diferentes usos y obras de adecuación que lo han ido transformando sin destruirlo. La sencillez constructiva ha posibilitado el uso de recursos formales que han multiplicado sus posibilidades espaciales y flexibilidad funcional.

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