1.5.2018

Reforma de Vivienda en Plaza del Museo

Dos elementos preexistentes condicionaron la propuesta de reforma: una potente estructura de hormigón armado con vigas de canto y una fachada con grandes ventanas de guillotina.

Para potenciar y sacar el máximo partido a estas singularidades se descubren las vigas y postes de hormigón y se plantea una distribución que elimine el largo y oscuro pasillo existente, integrándolo como parte de la estancia principal.

Además, la nueva distribución viene condicionada por la propia disposición de la estructura existente, es decir, se toma la decisión de que los tabiques se sitúen en la línea que marcan los pórticos. Para enfatizar su presencia y mostrar la estructura por completo, los tabiques no ocultan las vigas, no llegan a tocarlas, se separan unos centímetros dejando un hueco entre ellos que además sirve de fosa de iluminación.

Con estos condicionantes se distribuye de forma ordenada toda la vivienda, adosando los cuartos húmedos (cocina y baños) al patio interior y liberando la fachada principal para el salón y los dormitorios.

La cocina, el comedor y el salón se ubican en la zona central de la vivienda, conformando una secuencia que se extiende de fachada a fachada, abarcando el ancho total de la vivienda. Además, estas piezas quedan comunicadas visualmente pero con posibilidad de independizarse gracias a una mampara de vidrio y madera junto con unas puertas correderas ocultas en los tabiques.

Se distinguen dos tipos de tabiques, por un lado, hacia la fachada principal se utilizan unos cierres pesados de bloque de termoarcilla, que se dejan vistos, sin recubrimiento, mostrando su textura rugosa junto a la de la estructura desvestida de hormigón. Por otro lado, hacia el patio interior, se construyen unos tabiques ligeros a base de montantes de madera y placas de yeso, que aportan ritmo y calidez en contraposición a los cierres del otro lado.

Se reutilizan algunos elementos preexistentes como los radiadores de fundición y la tarima. Ésta se amplía extendiéndola a la nueva zona de vestidor (anteriormente ocupada por cocina y baño). El límite entre el pavimento antiguo y el nuevo se resuelve intercalando ambas tarimas, creando una zona de transición.

La iluminación general se integra en los propios tabiques. Se dispone de forma lineal, bañando las paredes y enfatizando la diferencia de texturas entre los dos tipos de cerramientos, la rugosidad e imperfecciones de unos frente a la suavidad y acabado liso de los otros.

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