22.4.2016

Plaza Mirador Pablo Neruda

Esta obra constituye una continuidad del trabajo que Carlos Martner ha realizado en el Parque Metropolitano de Santiago (Cerro San Cristóbal) que domina la ciudad.

A fuerza de tesón la ciudad ha ido domesticando esta montaña convirtiéndola en el principal parque urbano de la urbe de 6.5 millones de habitantes. En el año 1965 realizó la piscina Tupahue, seis años después realizó la piscina Antilén y esta vez -ahora asociado con Humberto Eliash- realiza este mirador. Las tres obras tienen en común su carácter público, su integración con el lugar y el uso de la piedra como material predominante.

La Plaza Mirador Pablo Neruda se ubica entre dos suaves cumbres del cerro San Cristóbal que a su vez es un brazo montañoso que se desprende de la Cordillera de Los Andes. La particularidad de este sector es su condición de mirador tanto de las montañas que rodean Santiago como del río Mapocho y el tejido urbano de la ciudad. Esta condición vincula al proyecto con los miradores precolombinos que asumen el dominio sobre el territorio propio de las culturas originarias, y retoma la expresión de éstos a través su materialidad y su geometría.

El conjunto se compone de una serie de muros curvos de piedra que van definiendo espacios concéntricos en torno a un escenario y un teatro al aire libre. Estos muros pueden entenderse como pantallas con aperturas hacia la cordillera y la ciudad o bien como fragmentos de muros que emergen desde la propia naturaleza pétrea de la montaña. Tanto los muros como sus aperturas están en proporción áurea.

El proyecto se complementa con dos pequeños miradores en las cumbres aledañas y un circuito de senderos peatonales. El Mirador del Aire, al norte de la plaza, se ambientará con esculturas que se irán construyendo y agregando a través del tiempo constituyendo un centro escultórico. El Mirador del Silencio, al costado sur, constituye el punto más alto del conjunto, abocándose por completo a su vista panorámica.

El acceso a la plaza mirador es un plano de adoquines grises y un conjunto escultórico de tres prismas de hierro oxidado.

Las especies vegetales seleccionadas son nativas, con el objeto de conservar el carácter natural del lugar y responder a criterios de sustentabilidad, mediante plantas de bajos requerimientos hídricos. El entorno inmediato de la plaza y los senderos de acceso consideran un ordenamiento de la vegetación existente donde se incorporan nuevos ejemplares arbóreos propios de la zona biogeográfica de la cuenca de Santiago. Se acomodan las rocas del lugar y se complementan con arbustos y herbáceas nativas de floración estacional. Se incorporan principalmente ejemplares arbóreos endémicos como el Quillay y el Espino, ya muy presente en el lugar, con arbustos propios del matorral xerófito, más herbáceas y gramíneas.

Finalmente, los criterios paisajísticos de sustentabilidad de la Plaza Mirador son acompañados por la integración de colectores solares para los servicios, y de luminaria de autonomía completa con paneles fotovoltaicos para la iluminación pública del lugar.

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