28.11.2004

Pabellón polideportivo de la Universidad Jaume I de Castellón

El reciente Pabellón deportivo proyectado por el arquitecto aragonés Basilio Tobías, para la Universidad Jaume I, en Castellón (España) es una edificación que destaca por su simplicidad y elegancia, asumiendo una ubicación de fachada vista en todos sus frentes. En una zona de la península ibérica, la comunidad valenciana, donde la cerámica forma parte de la cultura local, la construcción se formaliza de modo fundamental con piezas cerámicas de gran tamaño. Color, forma y materiales se integran, entonces, con naturalidad tanto en el lugar como en el ideario de la comunidad humana que lo habita. La sección combina con habilidad y sutileza las relaciones de escala entre el espacio principal, a toda la altura, y los espacios de menor escala que completan el programa de usos.

Las dimensiones de la parcela, su situación dentro del conjunto del Campus y las condiciones del programa de necesidades planteado, han incidido decisivamente en la organización del Pabellón Polideportivo y en su implantación, haciendo que una planta baja en extensión, albergue la mayor parte del programa.
El edificio se organiza en tres franjas longitudinales de diferente altura, en las que se acomodan los diversos usos establecidos. La mayor parte de la planta corresponde a la sala polivalente, con unas dimensiones interiores de 88,50 por 30,00 m y una altura libre de 12,60 m. La franja central cuenta con tres plantas, mientras que la franja que se orienta al noreste cuenta con una o dos plantas de altura según las zonas. Se ha planteado una disposición longitudinal de la sala -subdivisible mediante tres cortinas plegables transversales, con capacidad para cuatro pistas de baloncesto, o dos pistas de balonmano o fútbol sala-, por considerarla más adecuada a la condición de pabellón universitario y a las características de polivalencia y de facilidad en cuanto a su compartimentación, inherentes a un edificio de este tipo.
Una banda longitudinal de almacenes limita la sala polivalente con la franja central del edificio en la que, en planta baja, se disponen los diferentes vestuarios requeridos y una amplia zona de administración y atención al usuario, mientras que en planta primera se sitúan las diferentes salas y gimnasios y, sobre la zona de oficinas, dos aulas, una de ellas de observación, conectada con la sala polivalente. La planta de cubierta de esta franja central permite situar, en sus dos extremos, gran parte de las diferentes instalaciones del edificio y contar con una zona exterior susceptible de ser utilizada para la práctica deportiva. La disposición general del edificio pretende ser acorde con la versatilidad y la flexibilidad exigibles a un equipamiento de estas características. Especial incidencia ha tenido también la independencia de las circulaciones de los diferentes usuarios del pabellón: monitores y personal de actividades deportivas, deportistas y espectadores; todo ello dentro de un esquema que favorezca la accesibilidad y la conexión espacial entre las diferentes zonas.
El trazado y la expresión del sistema constructivo adoptado, son decisivos en la configuración del edificio, dotándolo de una condición unitaria, dada la estrecha relación existente entre el conjunto y los componentes que lo integran. Criterios de rapidez en la ejecución y de optimización del proceso constructivo han incidido en la adopción de la estructura metálica que, manifestada al exterior, expresa su lógica constructiva.
Buena parte de las zonas opacas de los entrepaños de fachada está constituida por piezas cerámicas, fijadas a una subestructura metálica, creándose una fachada trans-ventilada, en la que se integran elementos formados a partir de un material tradicional, con una construcción y montaje mediante una tecnología precisa, para conseguir un sistema de fachada de excelente comportamiento térmico y acústico, cuyo tono permite, por otra parte, una correcta inserción en el conjunto de los edificios que conforman el Campus. Los huecos de la carpintería exterior están protegidos por lamas verticales metálicas, orientables eléctricamente, lo que permite un ajustado control del asoleo en el interior del edificio, sirviendo además como elementos de protección del mismo. La condición metálica y facetada de estos elementos, integrados dentro de la retícula estructural, confiere un aspecto diafragmático cambiante a gran parte de los huecos del pabellón.
Una gran importancia se concede al papel de los dos patios interiores, hacia los que se vuelcan determinados espacios de relación y comunicación. Así, el de planta baja, al que se abre la cafetería, se plantea como un patio ajardinado, mientras que el principal de entre los de planta segunda, adopta la condición de patio-terraza, conformándose su frente al exterior mediante una celosía orientable. De un lado se obtienen unas adecuadas condiciones climáticas por medios naturales y por otro se producen continuidades espaciales entre el exterior y el interior, en aras de conseguir uno de los aspectos primordiales del presente proyecto, como es la consecución de espacios interiores, cuyo posible atractivo esté dedicado a propiciar una grata utilización del edificio y de su zona de influencia. A esto último no es ajena la implantación en la cota baja de la parcela, permitiendo disponer de taludes ajardinados en tres de los lados de la misma y mitigar la incidencia del importante volumen del edificio dentro del Campus.

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