30.7.2015

Memorial de la Solidaridad San Alberto Hurtado

El Memorial de la Solidaridad, erigido en homenaje a la obra del Padre Hurtado, Santo chileno que consagró su vida a favor de los más desposeídos, es un pequeño edificio de hormigón, construido al oriente del Santuario desde donde aún se puede ver lejana la magnitud de la Cordillera de los Andes.

El  terreno se  caracteriza por un conjunto de edificios continuos de dos y tres pisos, construidos en la primera mitad del  SXX. Allí  funcionan hospederías para los más abandonados de la sociedad, junto a un pequeño hospital, la  Iglesia y las oficinas  del Hogar de Cristo, institución benéfica fundada por el Padre Hurtado.

La continuidad de las fachadas permitió un interior protegido, donde el año 1995 construimos el Santuario del Padre Hurtado. La estrategia, en ese entonces, fue crear un pequeño parque que además sirve como área verde al conjunto de pequeñas viviendas que rodea al Santuario. Allí, en medio de los árboles, se trazó un surco que desciende levemente hasta alcanzar 5 metros de profundidad respecto al parque  donde, al final del recorrido, encontramos la tumba del Santo y una pequeña capilla. Estas construcciones apenas se asoman en el Parque, estableciendo, a través de paisajismo, una relación complementaria con los edificios preexistentes.

El Memorial de la Solidaridad, erigido en homenaje a la obra del Padre Hurtado, Santo chileno que consagró su vida a favor de los más desposeídos, es un pequeño edificio de hormigón, construido al oriente del Santuario desde donde aún se puede ver lejana la magnitud de la Cordillera de los Andes. En este sector, el más abierto dentro del parque y en donde prevalece la geografía por sobre el entorno urbano, se levantó un volumen compacto de hormigón  que no sobrepasa en altura las edificaciones perimetrales preexistentes.

La disposición del edificio en el sitio responde a los trazados lineales de la primera mitad  del SXX. Un volumen único se enlaza, a través de sus desplazamientos geométricos, con los trazos más nuevos y orgánicos del Santuario, que se despliegan longitudinalmente en medio del parque.

Un muro de hormigón caracteriza al edificio a partir de su particular tratamiento con ladrillos de vidrio, donde el traspaso de la luz a través de la materia es protagonista desde la principales salas de exposición. Tres ventanas transparentes acentúan esta condición al ser la única conexión visual directa entre exterior e interior.

Desde el parque, la fachada exterior se expresa como un muro homogéneo, en que hormigón y vidrio pasan a formar un plano indisoluble. Hacia  el interior  un recorrido por rampas articula los distintos niveles de exposición en medio de un espacio continuo, animado por una luz filtrada que se introduce a través de los ladrillos de vidrio, reafirmando el carácter espiritual del recinto. Esto se confirma mediante una austeridad en la paleta de materiales: hormigón visto, madera de pino blanqueada y muros pintados  blanco.

El despliegue tridimensional del interior se acentúa a partir de diversas vistas diagonales cuyos distintos grados de apertura van potenciando su espacialidad.

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