25.10.2016

MACRO – Museo de arte contemporáneo de Roma

La totalidad del espacio del museo se vuelve continuo y de fluidez ininterrumpida, yendo del espacio público al privado, y regresando al espacio público, ahora suspendido.

Lo existente y lo nuevo, los espacios expositivos y las otras actividades conexas, se articulan entre sí al mismo tiempo que se distinguen entre ellos.

Contexto
En un barrio del siglo XIX, el nuevo Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Roma se incorpora dentro de la vieja cervecería Peroni.

Materia
Una estructura mixta de acero y concreto. Fachadas y vidrieras en vidrio estratificado con una malla de acero inoxidable incorporada. El tejido variable de esta malla permite en función de la exposición el filtraje de la luz. Una superficie de terraza acondicionada como un paisaje mineral, como un jardín abstracto que ofrece toda una gama de experiencias sensoriales: arena, grava, basalto, plano de agua, gramíneas. Los dos espacios públicos, interno y externo, prolongan el suelo de la ciudad gracias a la utilización de la piedra basáltica. El museo y la ciudad se encuentran entonces en continuidad.

Sistema
Desde el vestíbulo hasta el techo, los espacios se relacionan mediante un juego de pasarelas que proponen múltiples recorridos y una percepción dinámica de las obras expuestas. La nueva entrada se abre con un jardín entre la calle y el foyer, acá, una escalera permite el acceso directamente desde la calle a un nuevo espacio público en la terraza, entregado al barrio como una piazza romana contemporánea. En el centro de esta plaza el agua corre sobre una claraboya. Esta fuente transparente conecta los dos espacios públicos del museo: la plaza en la terraza y el foyer debajo.

Vínculos
Insertado dentro de la complejidad de un extinto sitio industrial y confrontado a un patrimonio histórico, el MACRO responde al inmovilismo de lo que existe con dinamismo y movimiento.

Investigación
En arquitectura la sección revela lo invisible. En el MACRO, el corte está revelado mediante la transposición de la horizontal a la vertical, del adentro al afuera, desde el vestíbulo hasta el paisaje en la terraza del edificio. El resultado es una sensación de movimiento que pasa por las superficies oblicuas y a lo largo de las rampas. De esta forma, el itinerario del museo, en vez de desafiar los usuarios, busca acentuar la creación de un vínculo, con la idea de preparar los visitantes a la experiencia del arte.

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