Local VZ
3 January 07
por Alejandro Stöberl
“Silencio” en lengua clásica equivale a ausencia de sonido. Pero antes está la palabra “tacere”, que equivale a silencio verbal o de expresión o “silere”, tranquilidad, ausencia de movimiento o de ruido, virginidad intemporal de las cosas, bondad y claridad eterna y muda. Sobre este concepto y sobre lo “neutro” se basó nuestra forma de trabajar para este encargo: un local sobre la Avenida Santa Fé de 300 metros cuadrados para una marca con un producto sofisticado y diferenciado.
“Silencio” en lengua clásica equivale a ausencia de sonido. Pero antes está la palabra “tacere”, que equivale a silencio verbal o de expresión o “silere”, tranquilidad, ausencia de movimiento o de ruido, virginidad intemporal de las cosas, bondad y claridad eterna y muda.
Sobre este concepto y sobre lo “neutro” se basó nuestra forma de trabajar para este encargo: un local sobre la Avenida Santa Fé de 300 metros cuadrados para una marca con un producto sofisticado y diferenciado.
Lo neutro como forma de relacionarse con el entorno. Eliminar toda elusión, toda función referencial, representativa o metafórica, a fin de lograr la ausencia de sustancia. Trabajar con transparencias, límites poco definidos, una arquitectura no referencial, que priorizara la experiencia sensorial de un espacio neutro que no puediera ser objeto de ninguna clasificación, estilo o moda.
Luego, en el trabajo sobre la relación producto-arquitectura, se vuelve a lo neutro: el proyecto entonces es el resultado de una progresiva depuración hasta alcanzar un equilibrio estable. Es la objetivación del espacio en pos de darle el máximo protagonismo al producto y el mínimo a la arquitectura.
Se trabajó además con materiales reducidos al límite de la “no forma”, de los “no-límites”, de lo casi virtual, donde lo único que se destaca por su materialidad, su presencia, su color es el producto exhibido. Estos cubos de luz, contenedores neutros de los productos, conviven con los posibles consumidores, interactúan con ellos y sugieren distintos recorridos. Ya no se trata de que el producto espere sobre los muros del local, los muros son neutros y vacíos y comparten el espacio con los clientes. La ausencia de color (o la existencia de uno solo: el blanco) aporta la unidad a toda la intervención y las distintas funciones solo se sugieren mediante la luz: cajas, exhibidores, bar de aguas, etc.
El local no tiene marquesinas ni vidrieras en su sentido clásico: todo él es vidriera, marquesina y exhibidor. Todo absorbido casi naturalmente por la arquitectura misma y sin competir. Cristales de 4,20m de altura sin carpinterías visibles permiten la afluencia visual entre los desprevenidos paseantes y los productos que los esperan.










