17.2.2017

Huma Klabin

En una ciudad como San Pablo, la ubicación representa gran parte de las cualidades asociadas a la vida urbana. El barrio de Villa Mariana es de uso mixto, asegurando la vivacidad de sus actividades cotidianas, así como buena infraestructura de transportes, comercios y recreación.

El terreno se encuentra en la calle Calixto da Mota, próximo a la avenida Domingos de Moraes, sobre una colina, lo que permite amplias vistas de la ciudad. El sitio está cercado por altos edificios, generando recortes de vacíos que permite disfrutar de estas visuales. El esquema propuesto parte de una estructura que alterna las direcciones de apertura de los apartamentos, lo que garantiza orientaciones óptimas para todos: vistas, ventilación y asoleamiento.

Esta estrategia podría ser imaginada como sistémica en una metrópolis cuyo modelo actual son aisladas torres en sus pequeños lotes, formando un gigante monofuncional palillero. Esta implantación respecta a los vecinos, al preservar las distancias adecuadas entre los volúmenes de alrededor. Se contrapone, por lo tanto, a los proyectos genéricos que se desarrollan de manera repetitiva y indiscriminada para cualquier terreno.

El edificio se acomoda al sitio con declividades en los dos sentidos. La diferencia de altura – más de dos metros de una medianera a otra – favorece el acceso a los dos subsuelos de estacionamiento, sin requerir mucho movimiento de suelos. Por encima del nivel de acceso se desarrolla una planta abierta con espacios para los moradores, como un salón de fiestas, un lavadero colectivo y un salón de gimnasia, en cuyo techo se ubica la pileta y el solárium.

Este escalonamiento permite ampliar a las áreas comunes y respeta la topografía original y las construcciones vecinas.

El retiro frontal exigido por la legislación urbana fue incorporado por un jardín abierto que se ofrece a la ciudad. La propia construcción horizontal es la que define un límite hacia la calle, y se pliega verticalmente, constituyendo un volumen de doce niveles. El otro, desplazado en relación a la calle, conforma la volumetría final y es más bajo, con sólo once niveles.

Las dos piezas se encuentran separadas por el acceso a las unidades, que también es el palier de ascensores. El espacio, abierto y ventilado se propone como un pasaje libre hacia la ciudad. La planta tipo posee cuatro unidades de 44 m² y una de 67 m², que pueden unirse para conformar un departamento de mayor tamaño.

Los departamentos se amplían tras largos balcones, protegidos por toldos translúcidos de enrollar, que permiten controlar la incidencia solar, el viento y la lluvia. Las unidades de los últimos niveles cuentan con un solárium, al que se acede por una escalera exterior en el balcón.

La construcción fue hecha en hormigón armado a la vista, o sea, estructura, terminación, volumetría y expresión nacen de la calidad técnica y de la racionalidad de los sistemas constructivos utilizados. Cada material fue pensado a partir de sus calidades: placas de madera para los cielorrasos, paneles internos de yeso por su eficiencia termo acústica y vidrio para todas las aberturas hacia los balcones.

Este edificio, proyectado para el mercado inmobiliario, busca implantarse en la ciudad no como excepción, sino como regla.

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