26.3.2018

Hacia una autosuficiencia energética en el espacio público

La idea principal del proyecto es experimentar en torno a cómo esa autosuficiencia energética se convierte en detonante de activación, promoción y cogestión (liberalización) de actividades ciudadanas en los espacios públicos.

¿Qué ocurriría si un espacio público llegara a ser autosuficiente energéticamente hablando?

¿Y si un espacio público funcionara como laboratorio para la gestión ciudadana de la energía?

Este es el reto que se lanza desde este experimento urbano situado en el corazón del barrio de Malasaña (Justicia?) en Madrid. Tres pequeños dispositivos urbanos que permiten dotar a los jardines del arquitecto Ribera de un aula abierta, un pequeño escenario y un punto-información-acumulador de energía que permite dotar al conjunto de un máximo de 2KW/hora de consumo diario para todos los usuarios de la plaza que así lo requieran. De igual manera los tres dispositivos tratan de interconectar el espacio físico de la plaza con una Twitter machine @plaza_tribunal, que controla ciertas interacciones como el cambio de color de la iluminación de la plaza, la posibilidad de hacerse selfies con su webcam o poder dejar mensajes en la pantalla de leds.

La idea principal del proyecto es experimentar en torno a cómo esa autosuficiencia energética se convierte en detonante de activación, promoción y cogestión (liberalización) de actividades ciudadanas en los espacios públicos. La energía solar acumulada en los sistemas de almacenamiento (solares) de los dispositivos no sólo están pensados para su uso individual de carga del teléfono móvil o el ordenador sino más bien para explotar nuevos usos colectivos como la proyección de cine de verano o un pequeño concierto asociado al dispositivo de escenario o como soporte energético para un cuentacuentos en el graderío del aula abierta. La autosuficiencia energética posibilita así una conquista del espacio público por parte de iniciativas ciudadanas hasta ahora excluidas de un uso libre de la energía en el ámbito de la calle y la plaza.

Una segunda cuestión importante en torno a energía y espacio público tiene que ver con la necesidad de una pedagogía urbana que nos aproxime a un consumo responsable y compartido que debería estar justificado desde el carácter finito derivado de las baterías acumuladoras de energía solar.

La tercera alternativa de futuro gravita en torno a la posibilidad de generar un calendario de posibles actividades que pueda incluir las necesidades de eventos de las asociaciones formales e informales del barrio y de ciudadanía no organizada. En ese caso lo “eventual” puede llegar a convertirse en “habitual” y no en un estado de excepción o en una manera de apropiación del espacio público siempre vinculado a la institución. El acceso a la energía puede ser un primer paso del proceso de apropiación del espacio público por parte de un gran número de iniciativas ciudadanas, experimentando hacia un modelo híbrido de gestión entre el Ayuntamiento y el vecindario, con nuevos modos de cogestión y uso del espacio público.

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