19.4.2017

Centro Artesanas de Churcal

En el marco del proyecto “El futuro está en el monte”, la fundación Gran Chaco nos convoca para la construcción de un Centro Comunitario para la Asociación de Artesanas de Churcal (Qonayaĝapolio Late’e).

Forma parte de una iniciativa territorial en donde se busca el fortalecimiento de las comunidades del monte chaqueño a partir del incentivo de sus producciones locales.

Próxima al río Pilcomayo, la pequeña comunidad qom de El Churcal es una familia extendida que comprende a los abuelos, los padres, los hijos y los nietos. Históricamente vinculados a las dinámicas del río, sus antepasados practicaban migraciones estacionales cíclicas sustentadas en los recursos del monte y las aguadas. Considerando al territorio como una casa grande, sus sistemas de movilidad marcaron una forma de concepción espacial particular que ha logrado resistir a los procesos de sedentarización resinificándose a las necesidades (¿o imposiciones?) del presente.

Una visión de continuidad caracteriza la espacialidad vernácula del Chaco, en donde los ambientes se interpretan como lugares de contención, representados por el techo (sombra) y el reparo del viento (cerramientos verticales con distintas densidades). Límites concretos se alternan con espacios semicubiertos indefinidos, que ofician como medio de reunión y vinculación con el paisaje. Estas galerías logran a su vez superar su cualidad de acceso o transición entre el afuera y el adentro, constituyendo en muchos casos un carácter de totalidad capaz de abarcar a los ambientes cerrados como inscriptos bajo su influencia.

La falta de agua para el uso cotidiano, las altas temperaturas (llegan a superar los 40˚ en verano), la fuerte radiación solar y la sequedad del ambiente entre otros aspectos, motivaron la búsqueda de complejas estrategias constructivas para mitigar estas adversidades climáticas mediante sistemas pasivos de confort térmico basados en la generación de reparos y ventilaciones cruzadas. Para ello, se plantea una serie de espacios abiertos y cerrados bajo un techo de sombra exento, capaz de regular la temperatura y recolectar agua de lluvia. Estos límites indefinidos brindarán al Centro de Artesanas una capacidad de apropiación dinámica de sus usuarios, a partir de su diversidad de usos y posibilidades de crecimiento. En función de satisfacer la necesidad vital de la sombra, el edificio se construye siguiendo las etapas que diferencia a la arquitectura de estas regiones: desde arriba hacia abajo. Una vez garantizado el plano horizontal de contención solar, se continúa construyendo los distintos cerramientos verticales.

El techo colector de chapa alberga bajo su protección un segundo techo aislado con torta de barro, que contiene un salón de usos múltiples. Por fuera del mismo y en un ámbito semicubierto delimitado por entramados verticales de madera se desarrollan los espacios de encuentro, galerías, guardado y lavadero. Esta cubierta favorecerá la ventilación y regulación térmica natural de los ambientes, logrando un espacio de sombra en donde se desarrollarán las actividades de la asociación de artesanas.

La mayor parte de los materiales utilizados se tomaron del monte. Para ello, se armó un pequeño taller de carpintería en obra. Se utilizó quebracho para las columnas y algarrobo para las carpinterías. Siendo el presupuesto limitado, se optó por acelerar los tiempos de construcción usando madera de pino adquirida en aserraderos de la zona para las tirantearías y los bastidores de los muros. Para los muros “cerrados” se implementaron dos variantes: por un lado la técnica de quincha rellenando con tierra un entramado de ramas de duraznillo, por el otro, se ejecutó un sistema de paneles de machimbre rellenos con mantillo del monte embebidos en barro (resistencia ignífuga) y jugo de tuna (aglomerante). Finalmente, los muros “abiertos” se materializaron con entramados verticales de varas de duraznillo, listones y sobrantes de pino.

El centro propone una arquitectura de espacios continuos bajo sombra, apropiada a los usos, el clima y los recursos de la región en la que se inscribe. Resultado de la interpretación de técnicas transmitidas generacionalmente y autoconstruidas en el marco de la organización familiar, se introducen ciertas mejorías sobre un ámbito  vernáculo con significados que trascienden el espacio construido. En la búsqueda de alternativas tecnológicas apropiadas a cada contexto, encontramos una forma de trabajo que podría servir como contribución para una re-estructuración necesaria de los modelos del desarrollo que en sus diversas disciplinas, se caracterizan por la transferencia unilineal de tecnologías industrializadas. Las riquezas de la ruralidad, deberían ser potencializadas con aportes implementados en términos de su valoración como hábitat construido a partir del conocimiento empírico local.

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