15.11.2017

Casa Mach

Casa Mach es una casa suburbana de vivienda permanente situada en un barrio cerrado de Maschwitz, zona norte del Gran Buenos Aires.

El masterplan del barrio, configurado por calles curvas, define la silueta de sus lotes. En este caso, se trata de una planta trapezoidal con frente y contrafrente curvos.

El lote se halla ubicado sobre el perímetro del barrio, en la zona topográficamente más alta. Su superficie es plana y originariamente se encontraba desprovisto de forestación arbórea.

El comitente, que había tenido la experiencia de habitar una casa de veraneo de hormigón visto que el Estudio había construido para su padre, nos encomendó, para él mismo, una vivienda que emplease la misma materialidad y lenguaje estético.

El encargo consistió en una casa de metraje mínimo cuyo programa debía desarrollarse en una sola planta compuesta por: dos dormitorios (de los cuales el principal debía contar con un baño en suite), un área social compuesta por una cocina-comedor en relación directa con un estar vinculada a una galería semicubierta y otro espacio de estar, de menores dimensiones, para ser vivido como área para cine/TV. El comitente manifestó el deseo de que la casa albergara un patio interior con presencia de verde y de agua.

La estrategia consistió en el armado de una planta cuadrangular cerrada en sus laterales por muros prácticamente ciegos, replegando la vivienda hacia su interior y abriéndola hacia sus otros dos lados, transparentes (frente y contrafrente), generando, así, una vista cruzada calle-jardín exterior.

Los distintos espacios de uso de la vivienda se organizaron sobre una grilla ortogonal de tres por tres módulos, en cuyo módulo central se dispuso el espacio descubierto requerido por el cliente, el cual se compuso por un espejo de agua, terreno natural y vegetación.

El vano generado en la cubierta permite el ingreso de luz solar que, al reflejarse sobre la superficie del agua produce, a lo largo del día, distintos efectos lumínicos. A través del cerramiento acristalado de este ambiente exterior, estos efectos se proyectan en el interior de la casa y le transfieren, junto con las plantas, una atmósfera de calma intimidad. Este módulo descubierto funciona en la planta como organizador espacial, alrededor del cual se dispusieron el resto de los ambientes interiores, los cuáles se vinculan de manera franca con el paisaje exterior.

Todas las carpinterías se materializaron en aluminio anodizado color bronce oscuro y doble vidriado.

Las fachadas laterales de la casa —en las que se apoyan, al sudeste, la cocina y el acceso, y, al noroeste, los dormitorios y los baños— están constituidas por paramentos con reducidos aventanamientos ubicados estratégicamente de acuerdo a las necesidades particulares de cada local. Por otro lado, el frente y el contrafrente se abren mediante grandes planos vidriados.

Al frente se dispuso un espejo de agua que oficia de fuelle entre la calle y la vivienda. Esta intención de generar privacidad fue reforzada mediante la incorporación de plantas acuáticas frente al dormitorio.

El cerramiento posterior se materializó por medio de grandes planos vidriados corredizos que, al abrirse, unifican los espacios interiores con el deck contiguo semicubierto; de este modo, la apertura permite ampliar este sector de la vivienda a un gran espacio en estrecha comunicación con el verde exterior. La presencia de semicubiertos antepuestos a estos planos transparentes se encarga de regular el ingreso de luz natural directa y su incidencia térmica.

Además del control solar pasivo provisto por la propia arquitectura, la vivienda cuenta con sistemas de refrigeración de aire tipo Split y de calefacción por piso radiante.

El contrafrente goza de largas vistas hacia una boscosa arboleda. Ante la contingencia de que con el transcurso del tiempo el barrio se vaya consolidando y estas vistas puedan verse reducidas, se diseñó un espacio verde privado en el que se proyectó un espejo de agua y una piscina.

La sustancia expresiva del hormigón visto moldeado con encofrado de tablas de madera le otorga a la casa una presencia de carácter despojado. Su esencialidad pétrea y su condición de monomaterial —presente en pisos, cubierta y cerramiento— generan una sensación de espacio-cobijo que potencia la percepción de los efectos de la luz, el aire y los aromas  presentes en su ambiente.

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