13.12.2006

Casa en Pilar

Mención Clase Vivienda Unifamiliar del 11º Premio Bienal de Arquitectura SCA-CPAU 2006.

y todos viven en cajas, pequeñas cajas, todas iguales. Hay azules, las hay verdes, las hay blancas y amarillas pero todos, todos, viven en cajas, pequeñas cajas todas iguales.
Pete Seeger

La casa unifamiliar siempre ha sido una gran oportunidad para reflexionar proyectualmente sobre la arquitectura. En la vivienda hay cosas ancestrales y a la vez está presente lo completamente contemporáneo.

En este caso, un lote de proporciones alargadas en un club de campo en Pilar, Pcia. de Buenos Aires, con buenas vistas sobre una cancha de golf en uno de sus extremos y que, como casi siempre pasa, coincide con la peor orientación. Un espacio abierto rodeado, como también suele suceder en estas ubicaciones, de casas preproyectadas y de una estética prefabricada.

La planta baja de la casa es muy transparente, muy fluida, y es el lugar de contacto directo con el césped, el agua de la pileta que prácticamente penetra en el espacio de estar, el estanque del acceso y, en general, el medio natural. Es un espacio social abierto conectado con áreas semicubiertas que van llevando la tensión espacial de la casa hacia el interior del terreno, hacia el patio-jardín que lo articula y hacia la vista abierta que ofrece el golf. Una galería y un quincho funcionan como estar exterior. Del acceso al fin de la casa hay una extensión de casi 25 metros que funciona como una promenade transparente.

La planta alta es un volumen que, a pesar de su pesado cuerpo de hormigón, flota ingrávido sobre la fluidez y los cristales de la planta baja. Es el sector de la vida doméstica, de los dormitorios y las terrazas privadas. Allí, la vida familiar se hace mas recogida y los espacios se distribuyen independizando la actividad de cada uno de los miembros de la familia, aunque todos suben a esa planta y circulan alrededor de un patio en el que crecerá un roble que centraliza la atención espacial de la casa y semeja un jardín cerrado.

Una terraza superior con césped y piedras recrea un piso natural en los techos de la zona de estar. A esta terraza se accede exclusivamente desde uno de los dormitorios. En la punta de la casa, un bunker de vidrio con vistas abiertas al golf, es el sector privado para el trabajo intelectual del cliente.

Debido a que el sitio no es completamente abierto y el diálogo con las arquitecturas enfiladas y repetidas del entorno no resulta estimulante, la cada debe crear su propio paisaje cercano y permitir mirar a lo lejos desde sus grandes ventanales para recrear una dimensión del vacío que se escurre entre esas pequeñas y grandes casas, todas parecidas, unas a las otras.

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