30.4.2018

Casa Ecuestre

Casa Ecuestre se encuentra ubicada en Costa Esmeralda, a trece kilómetros al norte de la ciudad de Pinamar y a cuatro horas de la Ciudad de Buenos Aires.

Convive entre caballerizas, cercana a dos canchas de polo. Su nombre hace referencia al sector del barrio donde se sitúa, cuya arquitectura despojada influyó -quizás de modo inconsciente- en su concepción.

De forma trapezoidal, el lote presenta una suave elevación hacia su zona  media, lugar donde la casa se posa sobre un delgado podio. Su topografía natural no fue intervenida y se conservaron la mayoría de los pinos y acacias preexistentes. Se pretendió que esta forestación continuara vinculada con el espacio boscoso que comparte, más allá de su límite de fondo, con los lotes vecinos.

Los comitentes, una pareja con hijos, encargaron al Estudio una casa de aproximadamente 150 m2 de superficie organizada en una sola planta. Debía contar con tres dormitorios. El principal tenía que ser completamente independiente, y estar equipado con baño privado y un yoga-room. Así mismo, requirieron que la casa fuera lo menos costosa posible y su obra de rápida ejecución.

La reducción del uso del hormigón -respecto a otras casas del Estudio que ya conocían- fue una de las condiciones establecidas por los clientes. Y así fue.

La casa se materializó mediante la utilización solidaria de dos sistemas constructivos: uno húmedo y otro seco. Todos sus muros interiores se proyectaron en hormigón visto, mientras que para su envolvente se optó por un cerramiento vidriado y estructura metálica revestida por paneles de madera. Uno de los motivos por los que se seleccionaron las distintas maderas fue el de generar un contraste cromático interior-exterior. Para el exterior, se optó por madera de pino común tratada con aceite quemado, mientras que para el interior se recurrió a madera de kiri. De esta manera, la madera de pino oscurecida generaría -junto con las carpinterías de aluminio anodizado color bronce oscuro- un contraste cromático con el espacio luminoso del interior de la casa, contenido por cristales traslucidos y madera clara.

Se dispusieron decks de madera de quebracho sin tratar orientados hacia el bosque. Al estar a la intemperie, en poco tiempo adquirieron un color semejante al del revestimiento de pino. Fue nuestra intención que la estética rústica y silenciosa de la casa se integrara al paisaje agreste del lugar, sin pretender imponérsele quitándole protagonismo.

Respondiendo al encargo de la suite independiente, la casa fue configurada mediante dos módulos separados dispuestos de tal manera que, conectados mediante una circulación, conformaron una planta en “L”. Esta disposición permitió que la arboleda del lote no perdiera vinculación con el bosque de pinos trasero, y así conseguir una sensación de fluidez y mayor dimensión del espacio verde.

En cuanto al cerramiento de la casa, con la intención de otorgarle privacidad respecto de los vecinos, de dispuso el revestimiento de madera ocluso sobre los laterales; mientras que los planos traslucidos del frente y del contrafrente  permitieron a la casa abrirse al espacio exterior. De esta manera, el área social -vidriada hacia ambos lados- sería vivida como una galería de vistas cruzadas. Sus paneles posteriores completamente corridos permitirían su unificación espacial con el deck descubierto.

La leve elevación de la casa, sumada a la presencia de una acacia frente al acceso, concedió al sector común intimidad respecto de la calle sin por ello ser privados de visuales. Sobre el lado de la suite que mira hacia el espacio libre que depone la planta en “L”, se hincaron tabiques de hormigón verticales que, preservando su vinculación directa con el espacio exterior, obturaron las vistas provenientes del área social.

El centro de la barra frontal es iluminada mediante un lucernario ubicado en la cubierta, que además de iluminar, ventila el baño. El resto de los ambientes reciben luz y ventilación natural. La calefacción se resolvió mediante pisos radiantes, equipos de acondicionamiento de aire y dos salamandras.

El mobiliario interior –como la mesa del comedor, la mesada, los estantes de lo placares y de las mesas de luz- fue enteramente construido en hormigón llaneado, constituyéndose como equipamiento fijo de durabilidad y escaso mantenimiento. Tanto los pisos como las cubiertas conformaron parte del sistema pétreo.

Un centro duro contenido por un cerramiento blando. Un exterior oscuro cobijando un interior claro y luminoso. Una caja cerrada al entorno construido, pero abierta a la tierra, al sol y al bosque.

Tal como lo deseaban los clientes: una casa que permitiera potenciar los sentidos viviendo la energía de ese sosegado escenario natural.

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