7.7.2016

Biblioteca Casa de las Ideas

La biblioteca se ubica en la Colonia Camino Verde, un asentamiento de bajos ingresos sin planificación en la periferia de la ciudad de Tijuana que fue desarrollada en la década de los ochenta a través de invasiones de tierras por migrantes.

La colonia se desarrolló en las empinadas laderas de un arroyo, lo que determinó su organización axial y la dotó de una columna vertebral comercial, social y de acceso al transporte público, así como un lugar natural de encuentro. El arroyo está seco la mayor parte del año y sólo durante la temporada de lluvias es cuando llega tener afluencia. Camino Verde es representativo del crecimiento de la ciudad de Tijuana, que combina un dinamismo de los asentamientos irregulares y la presión de prever servicios, la masiva migración hace de una ciudad en donde la infraestructura urbana no ha podido seguir el ritmo de la afluencia de la población.

Recientemente, programas gubernamentales privados y de beneficencia social como la Secretaría de Desarrollo Social, Tijuana Innovadora, Reacciona Tijuana entre otras, han hecho la labor de proporcionar servicios y asistencia en las zonas marginadas, con la esperanza de que el espacio cívico y las instituciones cívicas podrían fortalecer el tejido social y por lo tanto reducir el crimen. La biblioteca forma parte de uno de estos proyectos de desarrollo urbano, donde hace unos años se consideró la zona con más alta delincuencia en la ciudad y de falta de espacios para el fomento social y cultural.

En este caso, la biblioteca fue diseñada en relación con un plan maestro que trató de convertir el ya corazón informal del cauce del asentamiento en un espacio público continuo y formal. Con el fin de participar plenamente en la escala urbana, una de las primeras decisiones de diseño fue la de vincular tácticamente el edificio a un espacio de foro al aire libre. La fusión del programa introvertido de la biblioteca con la necesidad de espacios colectivos de promoción social hace la respuesta de la biblioteca como un auditorio que provee un funcionamiento múltiple, con gradas que exponen al usuario a percibir el espacio en su totalidad y la capacidad de funcionar como salón de clases con accesos a computadoras y libros, capacitación y preparación para la búsqueda de empleo, cursos de manualidades artísticas y expresión corporal, cursos de apoyo a materias educativas de las escuelas y reuniones informativas de los acontecimientos de la comunidad, dando un enfoque como escenario para pláticas y/o conferencias.

La biblioteca culmina el eje de el arroyo en su punto más alto obteniendo grandes vistas sobre el valle al noreste, lo que se ve desde sus escalones de entrada es una impresionante riqueza sensorial. Como la mayoría de los asentamientos irregulares, la Colonia Camino Verde es un lugar de extraordinaria vitalidad arquitectónica y social densamente construida y llena de actividad, donde destacan casas construidas a partir de un vocabulario sin fin de materiales de construcción: bloques de hormigón, trozos de madera, paneles de todo tipo, ladrillos, láminas de acero corrugado etc. Todo es un poco torcido, un poco viejo, un poco golpeado y nunca totalmente terminado. Los pequeños frentes comerciales con coloridos señalamientos y rotulaciones bordean el río, mientras que desde las colinas se escucha la música, ladridos, voces de niños y corrientes de olor que llevan los aromas de la cocinas. El mosaico visual improvisado también habla fuertemente de la precariedad y la pobreza: ventanas reforzadas con cercos metálicos que alertan sobre el hecho de que la inseguridad y la violencia también caracterizan a esta comunidad.

El color blanco y los bordes afilados que cortan a través de este denso desorden visual, aparentan ser una reacción en contra al exceso de textura del contexto ofreciendo una materialidad restringida, pero en realidad se experimenta una rica secuencia de masa y vacíos en lugar de pieles y superficies que permiten la apropiación de la comunidad. Se podría decir que la biblioteca como acceso a la información digital y su solución arquitectónica propone dos modos opuestos a una vitalidad arquitectónica – lo moderno y lo vernáculo, el diseño y la improvisación, lo limpio y lo informal. Pero el muro con mosaico tiene su propia historia en la arquitectura mexicana, es lo que permite que el edificio, sin dejar de ser modesto en tamaño y sin dominar el lugar, afirme su presencia contra el ruido del fondo.

El edificio se lee como un volumen compacto blanco extendido en puntos críticos en las entradas por un techo alto y dos perforaciones profundas que anuncian el carácter público de la estructura y la luz que penetra hacia el interior de un pequeño patio.  Por debajo del volumen principal de la sala de lectura se abre un espacio, hueco ideal para un escenario al aire libre, que a su vez se alinea a un anfiteatro al exterior.

La propuesta del proyecto constituye un espacio de sólo 220 metros cuadrados. El reto espacial y el cuestionamiento sobre cómo una biblioteca digital puede contribuir a la ciudad, han generado una nueva tipología para la biblioteca: un espacio colectivo donde el aprendizaje y la interacción de la información va mas allá de la simple accesibilidad de estos servicios. Su arquitectura secuencial de espacios hace que el edificio de forma lisa y hermética se abra completamente al público aún cuando no este en horario de función. La intención primordial es crear y hacer ciudad por medio de propuestas arquitectónicas que aporten y den iniciativa a la convivencia cívica de sus espacios adyacentes.

La biblioteca no responde al sitio miméticamente, y en vez de reflejar un esquema del patrón de los asentamientos alrededor de él. La respuesta arquitectónica responde a un pragmatismo y accesibilidad, pero también como un elemento que se mide desde su contribución urbana y social, no particularmente como un acto heroico, sino una arquitectura que está en el medio, negocia y responde a los intereses políticos y aumenta el reconocimiento de la sociedad como un espacio abierto a la apropiación del la comunidad. Por esta razón, el edificio, a pesar de sus cualidades formales destiladas, no se siente como una imposición sobre la solución improvisada de la comunidad, sino más bien como una pequeña revelación de su estructura inherente. Del mismo modo, el proyecto no se acerca al asentamiento irregular  como un problema a resolver o remediar, sino como un fenómeno que merece ser comprendido, amplificando y revelando su morfología. Juliana Maxim

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