23.1.2018

El Chalé de las Tres Esquinas

El “Chalé de las Tres Esquinas” es un edifício muy peculiar, que documenta la historia y diáspora de su región, combinando arquitectura y diseño urbano portugués del siglo XIX con una inesperada influencia alpina.

Esta influencia es traída por una histórica vaga de portugueses volviendo del Brasil en los ochocientos, con dinero y influenciados por los centroeuropeos que hacían la segunda revolución industrial en Brasil.

Diseñado como un anexo del pequeño palacio a su lado y situado en el corazón de las murallas romanas y medievales de Braga, este es un edificio particularmente soleado, con dos frentes, una hacia la calle al oeste y otra volteada hacia un delicioso y calificado interior de cuadra al este, disfrutando de luz natural a lo largo de todo el día.

La identidad del edificio se perdió en 120 años de pequeñas intervenciones no calificadas, resultando en una compartimentación excesiva, cerrando el edificio a la calle y a la luz.

Su fachada fue igualmente adulterada: marcos modernos en aluminio y cajas de estores exteriores cambiaron la estereotomía de los vanos, la escala del edificio y de sus detalles, rompiendo el sentido original de la calle.

El objetivo del proyecto fue, entonces, clarificar los espacios y funciones del edificio, recuperando su imagen, técnicas constructivas y programa (essencialmente habitacional) originales, simultáneamente adecuándolo a las formas de vivir contemporáneas, devolviéndolo a la ciudad y potencialmente constituyendo un modelo para futuros projectos de recuperación en el barrio.

Se restauró la gloria original de la fachada: los marcos de las ventanas originales, en madera, fueron recolocados y el adorable alero decorado preservado.

En el interior recuperó la distribución espacial y funcional original, se restauró la escalera, el entarimado fue rehecho sobre la estructura original así como la estrutura del techo, y se introdució mármol de Estremoz portugués en todas las superficies para impermeabilizar y planta baja. El programa pedía la convivencia entre un estudio de trabajo y un programa doméstico.

Una diferencia de 1,5 m de altura entre la calle y la plaza de interior de cuadra posibilitó montar el estudio de trabajo en la planta baja, se relacionando con la calle y disfrutando de la luz del atardecer.

El programa doméstico se relaciona con la plaza interior y la luz del amanecer. La plaza interior es puntuada por varios naranjos: estos providencian una deliciosa sombra durante el verano y presentan un bello espectáculo por el invierno, cubiertos con vistosas frutas.

Considerando la reducida área bruta del edificio, fue adoptada la estrategia original de jerarquizar los espacios por pisos. La escalera se va estrechando a cada tramo, comunicando así la naturaleza cambiante de los espacios que conecta.

La geometría de la escalera filtra eficientemente las relaciones visuales entre los dos programas, mientras permitiendo que la luz natural de los pisos superiores baje sobre el estudio de trabajo.

El primer piso se reservó para las zonas sociales de la casa. Rechazando la tendencia natural para la compartimentación se permitió que la escalera definiera los perímetros del salón y cocina, creando un piso abierto con luz natural a lo largo del día. La luz entra por la cocina por la mañana, cenitalmente sobre la escalera y por el salón en la tarde.

Subiendo los últimos y estrechos tramos de la escalera se alcanza la zona de dormir, donde la protagonista es la estructura del tejado, dejada aparente pintada en tonalidad blanca. Del otro lado de la escalera se encuentra el cuarto de vestir apoyado por un cuarto de baño.

El tema visual de la casa es el color blanco, sistemáticamente repetido por las paredes, techos, mármol y carpintería en general. El cuarto de vestir es la surpresa en el tope del edifício. Tanto el piso como la cobertura se presentan en su color natural, rodeados por puertas de armario del mismo material. Se aprehende como una cajita de madera, siendo un contrapunto a la caja blanca de la casa y siendo, en si misma, contrapuesta por la cajita de mármol del baño contiguo.

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