5.11.2009

Ciudad Delta

En 1936, con motivo del IV Centenario de la primera fundación de Buenos Aires, entre grandes festejos y monumentales obras, se creó una comisión que intentó aportar datos que esclarecieran definitivamente la ubicación del fuerte levantado por Don Pedro de Mendoza.

Si bien el sitio acordado fueron las barrancas del Parque de Lezama, un nuevo mito se agregaba a las páginas de nuestra historia en la controversial teoría aun sostenida por muchos estudiosos, de que este primer asentamiento estuvo nada menos que en los altos de Escobar, próximo a las barrancas del río Luján. Los escasos documentos sobrevivientes, no hacen referencia a las descripciones que podrían permitirnos una impresión precisa del emplazamiento. Pero la proximidad del Paraná, fundamentaría su primitiva función estratégica de proteger de la codicia portuguesa, la navegación de este río y las riquezas que aguas arriba se ocultaban en el mito de la buscada Sierra de la Plata. A medio centenar de kilómetros de donde Juan de Garay fundaría la segunda ciudad, este sitio quedaría olvidado por el testimonio de los primeros fundadores que tuvieron la suerte de escapar con vida de los ataques querandíes. Las similitudes entre ambos puntos son sorprendentes, y las descripciones de esta batalla parecen cuadrar más con el emplazamiento perdido, que con el considerado.
Más allá de mitos o certezas, todos estos sucesos fueron posibles gracias a una configuración geográfica muy distinta de la que conocemos hoy en día.
Si solo unos cientos de años atrás, otro paisaje pudo haber determinado las decisiones de los primeros colonizadores, hasta cuándo seguiremos siendo indiferentes a los cambios de una región en constante actualización?

Interpretando estas relaciones como ejes de un análisis histórico-geográfico, buscaremos recuperar los valores originales en los cuales se equilibraba el territorio, para de esta manera significar a Buenos Aires en un contexto que nos permita diagnosticar a una Ciudad que supo ser costera, pero que hoy descansa oculta detrás de sus infraestructuras ociosas.

La Ciudad Delta
Los ríos se mantienen en constante movimiento gracias a una relación de intercambios de temperaturas y energías entre los volúmenes líquidos. Sutiles gradientes hidrotérmicos, determinan el flujo de las aguas a través corrientes convectivas. Grandes masas de material sólido fluyen suspendidas en el agua, y cualquier cambio en el equilibrio térmico de las corrientes, puede hacer que este material transportado sedimente.
El Delta del Paraná se encuentra en constante expansión, gracias a la acumulación de este sedimento depositado por los ríos Paraná y Uruguay sobre el Río de la Plata. Estos rellenos naturales son rápidamente asimilados por la naturaleza en forma de islas y densos bosques, los cuales a partir de un lenguaje de común vegetación pasan a formar parte del sistema deltario.

La ausencia de medidas que regulen y protejan nuestras costas, esta alterando los flujos del ecosistema estuarial, facilitando la deposición de sedimentos. La deforestación incrementa la velocidad de este avance, privando a las riberas de vegetación que retenga los escurrimientos generados desde la tierra (agricultura extensiva), hacia los ríos.
La capacidad dinámica de transformación de la cuenca se vera potenciada con el correr de los años. Esto indica que, inexorablemente, el Delta del Paraná continuará avanzando hasta alcanzar y superar, incluso, a la propia ciudad de Buenos Aires. A una tasa de crecimiento de 100 metros/año, la distancia de 11 km que separa el frente del Delta (Tigre) de la Av. General Paz (límite de la ciudad de Buenos Aires), será cubierta en alrededor de 110 años.

Buenos Aires 2100. Vista de la ciudad desde el Río de la Plata.

Esta transformación causará, progresivamente, impactos trascendentales en nuestra morfología territorial, con sus evidentes consecuencias de toda índole en los más variados aspectos. Los efectos de tal cambio podrán ser mitigados en la medida que exista una adecuada planificación en la protección de riberas, reforestación de cuencas y obras hidráulicas para el control de sedimentos.
Una restructuración física, política y cultural de la relación entre la Ciudad y nuestro Río, se hace indispensable para cualquier estrategia a largo plazo.

Línea de Ribera Urbana
La ausencia de una eficiente coordinación en la toma de decisiones vinculadas al uso del suelo, fueron configurando una traza de intereses contrapuestos que dieron como resultado una estructura inorgánica de fragmentos y adiciones (Puerto Madero, Puerto Nuevo, rellenos derivados en Reservas Ecológicas, etc). Las contradicciones que siempre se saldaron modificando la costa para “ganar terrenos al río”, pueden ser discutibles en las limitadas superficies de los países europeos, pero siempre cuestionadas en uno de los territorios más extendidos y poco poblados de la Tierra.

Buenos Aires vive bajo la ilusión de recostarse sobre las márgenes de uno de los grandes estuarios de la Tierra. Pero el Río de la Plata, posee una profundidad promedio de solo 80 centímetros, a pesar de ser el más ancho del mundo. Su equilibrio es extremadamente delicado. Cualquier alteración sobre la línea de ribera, entorpecería el corredor natural de flujos costaneros que mantiene limpias nuestras costas. No estaríamos exagerando al afirmar que el desordenado avance de la ciudad sobre el río, esta contribuyendo a la sistemática desaparición de los mismos.
Debemos entender la Ciudad desde su inserción territorial, reconociendo nuestra costa como un eje de correlato entre la urbe y el agua, dejando de concebir a esta ultima como un paisaje contemplativo para empezar a entenderla como una superficie de oportunidades productivas en términos de sustentabilidad.

Las Cuencas
Los ríos de llanura, con su característica ausencia de pendiente, corren gracias a un intercambio de masa y energía térmica. Esto se explica, diciendo que las márgenes costeras de los cursos de agua, de menor profundidad y mayor temperatura, corren en sentido contrario al curso del río, de mayor profundidad y a menor temperatura. La diferencia térmica entre ambas masas de agua tiende a equipararse en su contacto, adoptando finalmente la corriente en deriva una misma dirección que el curso del río principal. Estas corrientes convectivas, llamadas Deriva Litoral, determinan el flujo que los alimenta.


Canales de hidrotermias (Deriva Litoral), donde bancos naturales de arena separan aguas a distinta temperatura en dos cursos a contracorriente. Costas del Río de la Plata.

Buenos Aires se asentó sobre una compleja red de ríos y arroyos, de los cuales solo unos pocos mantienen su curso en un relativo grado de conservación. Su red natural de drenaje hídrica, se encuentra severamente modificada. Numerosos cauces han desparecido o yacen entubados bajo las avenidas, impidiendo a la metrópolis una natural descarga de sus excedentes sobre el Río de la Plata.
Debemos proteger las últimas cuencas (Matanza-Riachuelo, Reconquista y Luján), interpretándolas finalmente como Corredores Ecológicos de Biodiversidad. Grandes parques que aumenten la capacidad de escurrimiento de la ciudad. Una reserva de escala Metropolitana, en las que especies animales puedan migrar entre el río y el campo a través de la ciudad.
Es vital recuperar las costas blandas, en favor una Deriva Litoral que bañe nuestras riberas, contribuyendo a la rehabilitación de los flujos que mantuvieron limpias y puras a las márgenes de nuestros ríos durante siglos.

El caso del Riachuelo
La desembocadura original de Riachuelo era muy diferente a la presente. Después de formar el meandro de la Vuelta de Rocha, al llegar cerca de su salida actual, torcía casi en ángulo recto su curso y doblaba hacia el norte en un brazo de agua protegido del Río de la Plata por la llamada isla del Pozo. Sobre este tramo se prolongaban una serie de pozos naturales, utilizados como fondeaderos para barcos. Los primeros fundadores advirtieron en estas características naturales, las respuestas a las precauciones necesarias para el entendimiento con el delicado sistema del Plata y sus impredecibles mareas. Un Puerto al resguardo de los fuertes vientos del sudeste, y una ciudad asentada sobre barrancas al resguardo de las crecidas del río, fueron los ejes fundacionales de la ciudad.
Pero la intervención del hombre altero el equilibrio del cauce, y el frágil banco de arena que separaba ambos cursos, paralelos y a contracorriente, se abrió generando una nueva boca sobre el este. La interpretación de esta nueva desembocadura por las lógicas del comercio, como una vía capaz de agilizar la entrada de las embarcaciones, condenó al Riachuelo a su estancamiento. La pérdida de su alineación con la Deriva Litoral del Río de la Plata, disminuyo su caudal a solo 6 m3/s, en comparación a los 56m3/s del río Luján, de dimensiones aproximadas.

Es imposible que dos cursos de agua de distintas temperaturas se mezclen en un proceso lineal eficiente, sin un gradiente térmico que los conecte. Dicho gradiente, fue la desembocadura norte perdida a fines del siglo XVIII. De su recuperación dependerá que el Riachuelo vuelva a fluir.
Para esto, la solución no reside en la ilusión de las grandes inversiones en tecnologías importadas. Estas solo aumentan el endeudamiento del país con las bancas internacionales. La solución pasa por recuperar los procesos naturales de los cauces y riberas, con el fin de lograr el equilibrio geomorfológico y recobrar su funcionamiento como ecosistemas.

Podemos centrar este objetivo en dos campos:
– El primero, será la recuperación del Régimen de Caudales (flujos), recreando la desembocadura original del Riachuelo. La creación de un Parque de la Desembocadura, reproduciendo el antiguo brazo norte del Riachuelo en la Reserva Ecológica, permitirá recuperar el caudal que favorecerá el saneamiento natural del río. A la vez, podremos darle finalmente sentido al titulo que estas tierras vacantes ostentan desde hace 20 años sin mayores fundamentos que las de ser un relleno de escombros arbolado.
Todos los ríos tributarios, desembocan a contracorriente de los cursos principales. En tanto no asumamos el compromiso de devolver al Riachuelo sus flujos, nuestros esfuerzos por sanearlo serán en vano.

– El segundo campo, será la recuperación del Espacio Fluvial (riberas), por medio del tratamiento de las márgenes del río como un Parque Ribereño de costas blandas.
Para esto, podemos reinterpretar algunas de las barrancas existentes (como la del Puente Viejo Pueyrredón) a modo de Piezas de Borde, capaces de reproducir una ribera natural de orillas riparias necesarias para la oxigenación, correcta sedimentación, revegetación y recuperación de las comunidades acuáticas.
El Parque Ribera del Riachuelo será concebido entre el agua y la costa, satisfaciendo el espacio público, y contribuyendo al saneamiento natural del río. A partir de la creación de un frente ribereño verde, el río volverá a ser una margen de público acceso, complementándose a las actividades portuarias sin entorpecer sus funciones. Un corredor natural de flujos costaneros vivos.


Plan de Ordenamiento Ribereño
La Ciudad aumenta sus dimensiones avanzando sobre el río en un promedio de 26 hectáreas anuales. Mal planificados y sin un adecuado estudio que mida su impacto, se calcula que el total de los rellenos equivalen a 2900 hectáreas, nada menos que el 16% de la superficie actual de la Capital.
Para frenar el avance indiscriminado de la Ciudad sobre las costas del Plata, es necesaria la creación de un Plan de Ordenamiento que establezca una Línea de Ribera Urbana definitiva. Debemos reconocer finalmente la condición litoral de la Metrópolis, en un frente que pueda potenciar y organizar tierras adentro, el aprovechamiento de una gran superficie de vacancias que no son necesarias buscar en el río. Un ordenamiento capaz de regular expansiones, en beneficio de la recuperación final de la costa en una Línea de Ribera protegida. Un ordenamiento que selle la obligación de recuperar el equilibrio olvidado con nuestro medio más característico, el Río de la Plata.

Conclusiones
Los proyectos para revitalizar nuestros ríos siempre fueron superficiales, proponiendo la formación de un corredor costero con funciones sociales y recreativas. Se limitaron a crear un frente de contacto con el agua, olvidando las relaciones de equilibrio entre estas y el territorio al cual sirven.
De cara al Bicentenario de nuestra independencia y en pleno siglo XXI, en donde el mundo reconoce al agua como uno de los recursos naturales más valiosos, la ciudad necesita alinearse al debate internacional afrontando acciones concretas sobre nuestros recursos hídricos. Necesitamos un punto de inflexión y partida, que nos permita reflexionar acerca de la importancia de nuestras cuencas y humedales, en relación con la extraordinaria región geográfica de la que formamos parte significativa.
Más allá de utopías o realidades, el trabajo expuesto pretende ser una simple excusa para opinar acerca de una verdad concreta: los intereses no pueden seguir interfiriendo sobre una necesaria conciencia de común acuerdo.

Bibliografía:
“Viaje al Río de la Plata”, Ullrico Schmidl
Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán”, Pedro Lozano
“Historia de la Boca del Riachuelo”, Enrique de Gandia
“La primera de las tres Buenos Aires”, Federico Kirbus
“Río de la Plata. Sordos, Ciegos e Inconmovibles”, Marcos Sommer
Francisco de Amorrortu
http://www.alestuariodelplata.com.ar

http://www.onasestudio.com.ar/
Cabrera 5055, Buenos Aires
(+54 11) 4831 0925

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